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 Versa una frase célebre de Montesquieu "No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia". Esta semana el Ministerio de Educación envió a los directivos de los colegios en toda la Nación, en el marco del plan "Educar igualdad" una propuesta para llevar a cabo una jornada referida a la prevención de la violencia contra las mujeres. Por supuesto que defender la integridad de cualquier persona es un acto de amor hacia el prójimo y a su vez, el repudio contra toda forma de violencia debe ser enseñado a los pequeños desde sus hogares y reforzado en las instituciones; sin embargo, en el material que se propone desde el Ministerio de Educación, existe una increíble y avasalladora bajada de línea respecto de la ideología de género.

Espejito, espejito, espejito

La percepción personal acerca de lo que un ser humano es, es decir su identidad, no se encuentra ligada únicamente a lo que la define como persona única y especial, sino también a lo que el contexto le refleja en las relaciones sociales.
En otras palabras, se puede afirmar que el concepto de identidad es vulnerable a las apreciaciones del contexto. Por ello, resulta fundamental aprender a escuchar con sabiduría lo que el “espejo social” sentencia respecto de la propia identidad. Esto es importante en tanto que el ser humano no está definido en su identidad por lo que las personas que la rodean “expresan” de él, sino por lo que él verdaderamente “es”.

El término meritocracia se refiere a un sistema basado en el mérito. Allí, las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto de trabajo. La sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo. A través de una lectura rápida, la meritocracia no parece tener ninguna connotación negativa si se piensa que "de acuerdo a las aptitudes y el esfuerzo se conseguirán los logros que les corresponden"; sin embargo, la meritocracia en el ámbito de la educación cobra una dimensión que inmediatamente se vincula con el "darwinismo social", expresión utilizada para describir sociedades agresivamente competitivas, con grandes diferencias de ingresos y riqueza, en contraste con las sociedades igualitarias.

El ser humano nace con capacidades biológicas para enfrentar su desarrollo y adaptación al mundo. Sin embargo, requiere de una relación primordial (la que establece con sus padres) para lograr construir su mundo interno y así, formar estructuras que le permitan gestionar sus emociones, pensamientos y conductas. La relación con los padres, aporta en los hijos, nada más y nada menos, que la posibilidad de preservar sus vidas y facilitar sus crecimientos.

Vivimos en una sociedad en la que impera el miedo. El que trabaja, tiene miedo a ser despedido de su empleo y el que no lo tiene experimenta el miedo de no conseguirlo; los que tienen salud tienen miedo de perderla y los que no la tienen, tienen miedo de empeorar. Los que están seguros tienen miedo de perder esa seguridad y los que la perdieron tienen miedo de la amenaza constante. Lo que queda claro es que el miedo no reconoce los contextos, personas, ni situaciones particulares, simplemente se inmiscuye, se instala y gana lugar generando la “aceptación de vivir con él”.

Vivimos en una sociedad en la que impera el miedo. El que trabaja, tiene miedo a ser despedido de su empleo y el que no lo tiene experimenta el miedo de no conseguirlo; los que tienen salud tienen miedo de perderla y los que no la tienen, tienen miedo de empeorar. Los que están seguros tienen miedo de perder esa seguridad y los que la perdieron tienen miedo de la amenaza constante. Lo que queda claro es que el miedo no reconoce los contextos, personas, ni  situaciones particulares, simplemente se inmiscuye, se instala y gana lugar generando la “aceptación de vivir con él”. Se vive con el miedo por terminar incluyéndolo en las vidas como huésped sine qua non. El miedo manda en el escenario de la cotidianeidad. Se tiene miedo a vivir, pero también miedo a morir.Según la RAE el miedo es la “sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”. Una segunda acepción indica que el miedo es un “sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea”.El miedo provoca una serie de cambios a nivel orgánico: se acelera el ritmo del metabolismo, aumenta la presión arterial, se incrementa la adrenalina, sube el nivel de glucosa en la sangre, se intensifica la tensión muscular, se dilata la pupila y se detienen las funciones no esenciales del organismo. A su vez, el miedo, como emoción manifiesta, provoca la distorsión de la percepción. Eduardo Galeano en uno de sus relatos comenta el evento de un leñador al cual le faltaba su hacha. “Luego de haberla perdido observó a su vecino y se dio cuenta que tenía todo el aspecto de un  ladrón de hacha. Estaba claro!… la mirada, los gestos, la manera de hablar…Unos días después el leñador encontró el hacha que había perdido y cuando volvió a observar a su vecino, se dio cuenta que no se parecía en nada a un ladrón de hacha, ni en la mirada, ni en los gestos, ni en la mirada de hablar”.Francisco de Quevedo, expresó: “El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”. La mayoría de las veces son miedos son infundados. Tienen más relación con lo que se imagina que puede pasar, que con lo que realmente pasará. Por ello, es imperativo desafiarse a “pensar bien” acerca de uno mismo. Pensar que lo que vendrá es bueno. De todos modos, el miedo no tiene ningún poder emancipador de la realidad, al contrario, la distorsiona. Esto quiere decir, que el miedo lejos de quitar aquello que no se desea que pase, puede generar las condiciones para que lo que no se desea que pase, finalmente pase. Numerosos estudios indican que lo que se piensa que pasará, activa todas las células del cuerpo humano para que se preparen para lo que viene. ¿Cómo identificar y procesar los miedos?En principio, en numerosas oportunidades no se sabe a qué se tiene miedo específicamente. Tal es así que se dice que se tiene miedo a la oscuridad, cuando en realidad a lo que se tiene miedo es a lo que puede encontrarse en ella, o se expresa un miedo hacia la gente que se encuentra alrededor, cuando en realidad es miedo al rechazo, miedo a la muerte de un ser querido, cuando es miedo a lograr aceptar la pérdida, miedo a las alturas, cuando es miedo a caer, etc. Lo importante es poder nombrar aquello que produce la sensación desagradable del miedo y poner a disposición algunas estrategias para vencerla.Algunas estrategias que se pueden aplicar son:Hablar de lo que está sucediendo con personas confiables.Tomar decisiones. (La indecisión aumenta el miedo).Estar en actividad.Pensar en positivo.Aceptar las equivocaciones. El perfeccionismo incrementa el temor.Buscar la verdad en las situaciones y no caer en conjeturas falsas (como el ejemplo del hacha del leñador)En una entrevista a Eduardo Galeano en Madrid, España, un periodista le expresó: “yo leyendo tus libros siento que tú tienes un ojo en el microscopio y otro ojo en el telescopio”.El miedo invita a mirar lo que no merece ser mirado, coloca al ser humano en un estado ingrato de alerta respecto de cuestiones que en un altísimo porcentaje nunca le sucederán. El miedo no merece la pena, ni la atención por parte de los seres humanos. El desafío está en mirar lo que merece ser mirado… las minúsculas cosas del micro mundo…mirar lo minúsculo y a su vez, ser capaz de contemplar el universo desde el ojo de la cerradura…o sea desde las cosas chiquitas asomarnos a las cosas que son más grandes… No se debe permitir que la mente se vaya por los senderos de los malos pensamientos, incrementando la desconfianza. Se debe recuperar la confianza. Creer que si se llegó a este mundo con todo lo “sobrenatural” que implica llegar a este mundo; ya que el ser humano no es sólo un conjunto de células (tiene alma y espíritu) también aquel que permitió que se llegue, velará por cuidar su creación.Hoy en día está de moda el “panic attack”. De hecho, se naturalizó a tal punto la situación que muchos profesionales de la salud, diagnostican y medican mal a miles de personas que sólo están procesando miedos comunes en el ser humano. A esto se refiere Galeano cuando expresa “andaba con muy mala música en el alma”. A veces, son miedos que deben ser procesados. Después de todo se convierte uno en valiente cuando tuvo temor, es fuerte cuando supo de debilidad y logra la paciencia cuando pasó por tribulaciones.Parece una verdadera utopía plantear a millones de personas que viven con miedos que puedan “salir de esa cárcel” a vivir una vida sin ese verdugo. Sin embargo, esa vida posible está en el horizonte… se puede alcanzar… sólo hay que ir haciendo pequeños pasos y caminar hacia aquello que es bien nombrado o de buen nombre: paz, bienestar, amor, sensibilidad, amistad, reconciliación, perdón.Lorena Leiva (Prof. En Ciencias de la Educación.)

Circula en redes sociales un escrito que refleja el deseo de atención por parte de un hijo hacia sus padres. Este escrito manifiesta con claridad el proceso mediante el cual los padres han ido desplazando su interés cotidiano que estaba, otrora, acentuado en los niños y en sus necesidades y lo han sustituido, casi sin advertirlo,  por el chequeo constante y alarmante de las aplicaciones comunicacionales de los smartphones.

Alumnos de 7mo grado sorprendieron a su maestra de matemáticas con su propia versión de "Despacito", el tema de Luis Fonsi y Daddy Yankee que fue furor en todo el mundo. ¡Mirá el video!

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