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En busca del Tesoro Perdido en la Familia, recuperando un vínculo primordial

En busca del Tesoro Perdido en la Familia, recuperando un vínculo primordial
19 Jul
2017

El ser humano nace con capacidades biológicas para enfrentar su desarrollo y adaptación al mundo. Sin embargo, requiere de una relación primordial (la que establece con sus padres) para lograr construir su mundo interno y así, formar estructuras que le permitan gestionar sus emociones, pensamientos y conductas. La relación con los padres, aporta en los hijos, nada más y nada menos, que la posibilidad de preservar sus vidas y facilitar sus crecimientos.

 

Resulta un desafío enorme para los padres poder hacerse cargo de poner en práctica los recursos y las potencialidades que poseen para que sus hijos establezcan con ellos una relación sana. Sobre todo por el contexto en el cual se vive. Las urgencias de lo cotidiano, no propician espacios de encuentro de calidad entre padres e hijos. Apenas se logra cumplir con las demandas diarias en los hogares. Así, las familias son barridas por la rutina de un mundo moderno que no repara en los vínculos familiares, y entrega a la incertidumbre algo tan delicado como la contención emocional de los más pequeños y de los jóvenes.

Algunas familias, ante esta realidad, confían en que otros espacios, tales como la escuela, el club, amigos o familiares cercanos, logren suplir las carencias que se sufren en el hogar. Esta situación se agrava cuando los espacios de contención están constituidos por largas horas que los niños pasan frente a los dispositivos tecnológicos.

En este último caso, quienes colaboran con la gestión de las emociones, pensamientos y conductas, son los contenidos de los medios tecnológicos. Los juegos, vídeos, redes sociales u otros contenidos diversos de internet o televisión, “moldean y modelan la mente” de las personas que hacen uso de ellos. Así, por ejemplo, se observan niños que “hablan” como se habla en los dibujos que miran, o jóvenes que reaccionan como los arquetipos que siguen a través de internet.

Por supuesto que no todo el contenido que se consume en televisión, internet, etc, es malo; sin embargo, existen numerosos especialistas que investigan las consecuencias del uso de los dispositivos tecnológicos de manera abusiva, ya que en un enorme porcentaje, los jóvenes mantienen mayor contacto con éstos que con sus propios padres.

Algo se ha perdido en la relación padres-hijos. La construcción de los modos de ser, pensar, sentir y hacer de los niños y jóvenes, de repente, ha sido delegada a otro “tutor”. Algunos interrogantes que surgen son: ¿qué se trasmite a través de las redes sociales o los programas televisivos?, ¿lo que se “imparte” a través de los medios tecnológicos, en qué medida influye en los comportamientos de los hijos?, ¿se puede recuperar el modelo de los padres como figura formativa en los hogares?.

Los contenidos de las redes sociales pueden resultar muy peligrosos para los jóvenes. En la actualidad, juegos como “Ballena Azul”, “Desafío Borrador”, incitan al suicidio o a lastimarse.

¿Qué emociones permiten que un joven quiera lastimarse o quitarse la vida?, ¿en qué lugar de la escena están los padres?.

Si bien las causas emocionales pueden ser múltiples, existe un denominador común en ellas y tiene que ver con cierta inseguridad ya que, los niños y/o jóvenes no cuentan con una base afectiva fuerte y por lo tanto, sufren conflictos sobre todo de identidad y de búsqueda de afecto.

Una de las recomendaciones más comunes a la hora de regular el consumo de dispositivos tecnológicos, es que los padres comprendan que las redes sociales implican riesgos y que no hay que dejar solos a los hijos, sino enseñarles pautas seguras.

Ahora bien, esa recomendación no enmienda el vínculo entre padres e hijos. Los padres son figuras que ayudan a construir la seguridad en sus hijos. Por lo tanto, el vínculo entre ellos, constituye un tesoro invaluable. Este tesoro representa la posibilidad de erguirse en esta vida con un proyecto, con un destino, con un propósito. Da sentido a la vida, direcciona, convoca a imaginar realidades posibles que se alcanzarán con metas u objetivos que se cumplirán durante el transito efímero, pero que puede convertirse en eterno, en la vida.

Es hora de recuperar ese tesoro perdido, de restaurar el vínculo entre padres e hijos. Reconectar las emociones en el seno del hogar. Este desafío es asumido por personas que entienden claramente que no se trata de “que son chicos y no pasa nada”; se trata de “preservar sus vidas” y de no “comprometer sus destinos”. El tiempo que se invierta en acompañar a los hijos en su formación, es el tiempo mejor invertido; genera intereses y ganancias incalculables y resta inconvenientes y conflictos a gran escala.

 

por: Lorena Leiva. (Prof. En Ciencias de la Educación.)

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