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La meritocracia, la competencia, el exitismo y otras injusticias.

La meritocracia, la competencia, el exitismo y otras injusticias.
19 Jul
2017

El término meritocracia se refiere a un sistema basado en el mérito. Allí, las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto de trabajo. La sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo. A través de una lectura rápida, la meritocracia no parece tener ninguna connotación negativa si se piensa que "de acuerdo a las aptitudes y el esfuerzo se conseguirán los logros que les corresponden"; sin embargo, la meritocracia en el ámbito de la educación cobra una dimensión que inmediatamente se vincula con el "darwinismo social", expresión utilizada para describir sociedades agresivamente competitivas, con grandes diferencias de ingresos y riqueza, en contraste con las sociedades igualitarias.

 

Es evidente que no todos desarrollan de igual manera sus facultades humanas. Por eso las personas se destacan en ámbitos específicos; algunos tienen habilidades para la música, otros para los cálculos, las relaciones interpersonales, las artes plásticas, etc. No se habla de "la inteligencia", sino de las facultades humanas. Por eso, resulta inquietante que la educación haya caído en la trampa de los sistemas pedagógicos que responden a las sociedades competitivas. Uno de los factores fundamentales a la hora de segregar a un gran cúmulo de estudiantes, dejándolos merced de las oportunidades, es el "exitismo".

¿Qué es el "éxito" en la escuela?, ¿Cuál es la vara con la cuál se miden los "logros"?, ¿qué es un logro en la escuela?

Una manera de responder a los interrogantes es a través del la exposición del concepto "exclusor".

El éxito en la escuela no está dado por notas o calificaciones. El sistema pedagógico vigente exige que se acrediten los saberes y para ello existe un sistema de acreditación con evaluaciones y notas. Sin caer en ningún sincericidio, en varias oportunidades, estudiantes que en la evaluación obtuvieron una excelente nota no "saben". Esto sucede por varias razones, la principal tiene que ver con exámenes que no apuntan a la reflexión o el razonamiento (utilizando el pensamiento divergente), sólo se evalúa lo memorístico. ¿Será por ello que, en los últimos exámenes de Pisa, Argentina no figura?, ¿qué se evalúa en nuestras escuelas?, ¿se prepara una generación que piense de manera práctica y resuelva problemas cotidianos?...

El éxito no está dado por cumplir los niveles del sistema. Cientos de niños y adolescentes finalizan sus cursos sin la menor idea de "meta alcanzada". Eso responsabiliza a nuestro sistema educativo por la falta de "motivación". Sistema educativo que no está sólo en el banquillo de los acusados, los docentes se convierten (a sabiendas o no) en cómplices de los procesos de tedio y sinsentido escolar.

El éxito está medido por la vara interna de cada sujeto, feliz de haber experimentado vivencias junto a sus semejantes. La escuela debe convertirse en eso... tal vez el formato escolar actual lo impide... De hecho, algunos niños recuerdan más la nuca de su compañero que sus ojos. Triste realidad cotidiana.

Estas líneas no apuntan a que desde ahora todos salgan corriendo de los salones gritando su frustración y culpando al sistema; más bien representan una invitación a la reflexión sobre lo que está naturalizado y que no es beneficioso para nadie. La competencia feroz en las sociedades actuales (impulsada por la meritocracia en gran medida) lleva a expresiones cada vez más acentuadas de violencia y de insensibilidad humana. Los responsables de los cambios necesitan entender que las facultades humanas son un tesoro en cada persona y que se deben brindar las oportunidades para que cada una de ellas puedan descubrirlas para beneficio propio y de los demás.

El esfuerzo es una semilla que cumple con la ley de la siembra y la cosecha. El esfuerzo no es nunca en vano. No se precisan "accesorios" de un sistema injusto para rebajar el esfuerzo a una situación de competencia voraz.

En las instituciones, el esfuerzo no debería ser medido, debería ser valorado y la pregunta rectora podría ser: ¿es lo mejor que puede ser?; entonces allí aparecen otros valores que tienden a colaborar con elevar el tope de cada persona para que alcance un mayor potencial, pero no en relación al de al lado, sino en relación a sí mismo; ese es el verdadero potencial.

 

por: Lorena Leiva (Prof. en Ciencias de la Educación)

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