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En los últimos días, en Argentina se escuchó con intensidad el término “devaluación”, algunos prefirieron hablar de “aumento del dólar”, en fin; lo cierto es que la sensación que la moneda nacional vale cada vez menos, se acrecentó de manera indetenible a nivel social.

Sin embargo, lo único que se viene devaluando en nuestro país no es su moneda, se ha desplegado en los últimos años una avasallante ideología que atenta contra los derechos de los padres a educar a sus hijos.

En la Declaración Universal de Derechos Humanos, el artículo 26 expresa el derecho de los padres a elegir la educación que prefieren para sus hijos. Este derecho tiene coherencia si analizamos epistemológicamente a lo que se refiere “educación”.

El término “educare” significa primordialmente acción y efecto de “alimentar o nutrir la prole”. Este alimento no se limita a lo material, sino que abarca todos los aspectos que integran al ser humano, en otras; palabras alimentar sus facultades humanas, lo que equivale a la expresión: “Educar sus facultades humanas”.

La relación primordial que existe entre padres e hijos los ubica como pareja pedagógica por excelencia. Es decir es la relación “educando-educador” primordial y debe ser respetada y garantizada. De modo contrario, se produce violencia del vínculo primordial familiar.

Este derecho primario que poseen las personas (familias) no puede caer en la concesión del Estado o la sociedad. En otras palabras, los padres deben elegir con libertad la educación que desean impartir a sus hijos, basados en sus valores y creencias.

Si mencionamos a los valores y creencias, debemos recurrir al término “moral”. La moral se refiere al conjunto de normas, valores y creencias existentes y aceptadas en una sociedad que sirven de modelo de conducta y valoración para establecer lo que está bien o está mal.

El Estado de un país no puede por lo tanto negar o manipular este derecho. Al contrario, debe garantizarlo. Aún consciente de esta verdad, el Estado en Argentina, impulsado por el “Lobby Lgbt” pretende imponer la Educación Sexual Integral, que avasalla con su contenido al derecho de los padres de elegir qué enseñar a sus hijos.

Es fundamental que los niños y adolescentes reciban educación sexual, ya que a través de la misma conocen el cuerpo humano (En Ciencias Naturales también se trabajan los contenidos referidos al conocimiento y cuidado del cuerpo humano) y, sobretodo crecen en su afectividad personal y hacia el otro; pero los fundamentos de esta educación no deben adoctrinar en dirección a la ideología de una minoría que se enmascara en fundamentos inconsistentes por su falta de rigor científico. La “ideología de género” es justamente eso, una maquinaría conceptual sin rigor científico, basada en intereses minoritarios.

¿Por qué  “sin rigor científico”?

Porque sus fundamentos se basan en subjetividades. Se enseña a los niños que nacen con un sexo, pero que pueden cambiarlo si se sienten diferentes. Esta realidad y la teoría del “Condicionamiento Clásico”, están emparentadas. Si se “siembra” en la mente de una persona (en una edad que no poseen aún herramientas mentales/conceptuales para procesar determinadas informaciones) que, tal vez no sea lo que cree ser en términos de identidad sexual y se la “estimula” a inclinarse por otras opciones, se puede lograr  como “respuesta” que dude y que se confunda. Esto es condicionar el desarrollo natural de un ser humano a partir de subjetividades que le son ajenas.

En los materiales que se bajan del Ministerio de Educación (Nivel Secundario), se habla de “conciencia biologicista”, pretendiendo claramente rebajar el rigor científico que posee el término “biología” (se pretende utilizar conciencia biologicista en lugar de realidad biológica) como ha sido habitual en la enseñanza. Así existen varios ejemplos. Necesitan éstas terminologías pseudocientíficas para no toparse con la pared de la realidad científica ya que desde ese lugar no pueden avanzar en su ideología, por ser inconsistente por donde se la explore y analice.

Además en los materiales que “baja” el ministerio existe una clara intención se hipersexualizar a los niños e incentivarlos a la promiscuidad sexual. No se habla de afectividad, respeto hacia el otro en términos de morales, se avanza en la experiencia del goce sin antes hablar de los límites del mismo.

Esta realidad habla a las claras de una devaluación del peso moral que vivimos como sociedad. A quienes defienden la Ideología de Género, no les importa si se destruye el derecho de los padres a elegir qué enseñar a sus hijos o se avasallan las familias con ideologías que ofenden sus creencias o si se adoctrina desde la inconsistencia científica, sólo les importa “su moral”, disfrazada de inclusión.

Si bien, esta ideología pretende naturalizar que los seres humanos no nacen con su sexo definido, también pretenden incentivar a los jóvenes a la búsqueda del autoplacer, incluso enseñando cómo lograrlo; este aprendizaje los aleja aún más del fortalecimiento de los lazos sociales basados en el amor hacia el otro y el respeto por la dignidad propia y ajena.

Los padres deben hacer valer su derecho a elegir la educación de sus hijos y no permitir que el Estado avasalle el mismo a través de la manipulación ideológica sancionando leyes que avalan la enseñanza de antivalores que en lugar de educar, confunden.

 

 

Lorena Leiva.

Prof. en Ciencias de la Educación.

Tutora del Área de Educación Sexual CCR.

Los modos de comunicarnos cambian vertiginosamente, hasta los clichés quedan obsoletos antes que la mayoría pueda llegar a utilizarlos al menos una vez. El uso de la simbología, claramente reemplaza a la elaboración discursiva, dejando a esta última como un privilegio de pocos.

Sin embargo, los “emojis” resultan escasos para expresar de manera acabada las emociones. Menos aún colaboran con el procesamiento de las mismas.

A menudo asumimos que no es posible anticipar, en el ámbito escolar, cuestiones relacionadas a los procesos emocionales, ya que estos se dan en un contexto particular, con unas condiciones áulicas específicas que los hacen impredecibles. Sin embargo, en este caso, vamos a otorgar valor a la duda respecto de esta presunción.

¿Es posible predecir hacia dónde vamos en relación a los procesos de las emociones en los niños?

Se anuncian, en gran medida, rasgos predominantes en los cambios que van teniendo las condiciones y los modos de aprender a procesar las emociones. Estos rasgos tienden a ser hegemónicos ya que son promovidos por la inmensa telaraña de los medios de comunicación; sobre todo, las redes sociales. En otras palabras, se pretende enseñar a decir cómo se sienten las personas “con caritas de todo tipo”.

Absolutamente a favor de las redes sociales como medio masivo de comunicación, quisiera que reflexionemos sobre el impacto que éstas producen en los cerebros de los niños y adolescentes (por no decir en el “ser humano”, sin distinción de edades) produciendo modos diferentes de percibir y percibirse en la realidad. Un aspecto interesante para comenzar a reflexionar es la “imaginación”.

El lugar del arte de comunicar con la voz y el gesto debe ser recuperado. Los niños comunican con “emoticones” sus sentimientos y les resta en su interior un cúmulo de emociones sin compartir. Lo que se calla, también ocupa un lugar. Surge aquí el interrogante: ¿en qué medida, los emoticones, pueden sustituir la expresión verbal de los que se siente o piensa?.

Hace unos años avanza una pretensión que además de simbolizar el discurso, contribuye a vaciarlo de su riqueza expresiva/comunicativa. La simbología no debería reemplazar la palabra hablada o escrita, cuando de expresar y procesar emociones se trata.

Educar las emociones con el diario del lunes no resulta tan imposible si se van identificando situaciones que llevan directo a un camino cerrado. Atender a las limitaciones que produce el vivir hablando con emoticones, significa comenzar a darle nuevas alas a la comunicación verbal. El habla es como una llave maestra para superar el procesamiento de las emociones. Aprender a hablar, es al mismo tiempo aprender a escuchar e involucrarse con el “otro” desde el una posición reflexiva y contenedora.

Por otra parte, resulta exhaustivo, primero interpretar de manera adecuada una emoción desde la expresión simbólica generalizadora para luego, dar respuesta por la misma vía. Allí es donde se producen las fallas en la comunicación. El camino puede ser más sencillo: hablar, escuchar y comprender. Eso sí, se precisan más rostros presentes y menos pantallas. Después de todo, se educan seres humanos, no seres virtuales.

Una educación emocional que carece de aprecio, manifestada a través del desinterés por escuchar y el abandono, trae consigo misma tristeza y depresión. Por eso, no abandonemos a los niños y adolescentes a la suerte de expresarse sólo con emoticones, cuando podemos escucharlos, abrazarlos fuerte y brindarles amor y seguridad.

 

Lorena Leiva.

Prof. en Ciencias de la Educación.

 

Parto asumiendo una premisa: “Las expectativas que un educador tenga respecto de los estudiantes, influye notablemente en los procesos de cumplimiento de esas expectativas”. En otras palabras, la mirada apreciativa sobre el otro, determina su conducta.

Cuando un niño o adolescente no siente que es valorado o siente que no se cree en él, la presión de la emoción negativa sobre el mismo, hará que su rendimiento esté por debajo del nivel que podría alcanzar si sucediera el caso contrario.

En el ámbito de la educación, existen profesores que creen en los estudiantes, por lo cual los resultados son maravillosos. A esta influencia sobre el otro a partir de la mirada apreciativa se la denomina en el ámbito de la psicología y la pedagogía “Efecto Pigmalión”. Éste debe su nombre al siguiente mito griego:

“En El mito de Pigmalión, el rey de Chipre, osó enfrentarse al amor al asegurar que no iba a enamorarse de nadie que no fuera perfecto. Su historia comienza cuando empezó a modelar una estatua con forma de mujer. Cuanto más modelaba aquella divina estatua, Pigmalión sentía que se enamoraba de su propia creación.

Al término de su obra, Pigmalión estalló de amor por aquella estatua. Comenzó a cubrirla de besos y abrazos. La miraba y la mimaba… Pero el mármol frío sólo le hacía aumentar más su desesperación, ya que su amor jamás podría traspasar aquel cuerpo inerte y frío.

La diosa Afrodita llegó hasta la ciudad de Amatonte, allí donde vivía Pigmalión. Llegó justo en el momento en el que éste rogaba encarecidamente a los dioses: Si es verdad que tenéis tanto poder, os ruego que deis vida a esta estatua para poder casarme con ella“.

Afrodita quiso complacer al apenado rey y cuando Pigmalión volvió junto a su amada tras sus ruegos, en un sencillo beso descubrió que la piedra parecía irradiar algo de calor. La abrazó y comenzó a sentir que el frío del mármol desaparecía. Se apartó para mirarla a los ojos, no fuera que aquella sensación sólo fuera producto de su propio calor. Comprendió entonces que la dureza de piedra comenzó a volverse suave. Tras dar las gracias a los dioses, Pigmalión se casó con Galatea, convertida ahora en una delicada mujer”.

La mirada del otro puede estar distorsionada y devolver un concepto bastante alejado de lo que realmente somos o podemos lograr. Sin embargo una mirada que esté atravesada por el aprecio es más acertada que ninguna ya que el filtro para apreciar es el amor.

El amor es condición sine qua non en cualquier valoración del otro. En el ámbito de la pedagogía representa el valor agregado incalculable (por sus efectos) para cualquier aprendizaje. Se aprende mejor en un ambiente donde se es amado y valorado, aún con las limitaciones con las que cada uno pueda contar.

Los educadores debemos presentarnos cada día en las aulas para incitar a los estudiantes a elevar sus propios niveles, rompiendo límites y conquistando nuevos desafíos.

A su vez, debería haber un contrato tácito entre las familias y las escuelas. Los estudiantes deben ser valorados tanto en el ámbito escolar, como los hijos lo deben ser en sus hogares. En definitiva en diferentes roles, son las mismas personas y se ven afectados positiva o negativamente en ambos espacios.

Cambiar premisas familiares es un trabajo muy arduo. En otras palabras, si en los hogares se denigra a los niños o adolescentes emitiendo sobre ellos juicios que los desvalorizan, en las aulas resulta más difícil deshacer esos mensajes y que crean en una mirada de aprecio.

Es hora de potenciar a los estudiantes desde el amor. El aprecio por lo que pueden y lo que logran, por lo que son y representan. Lejos de la meritocracia reinante en los ámbitos educativos y la competencia mercantil de estos tiempos, creer en el otro e incentivar su vida desde el motor del amor, representa una verdadera revolución educativa.

Lorena Leiva

Profesora en Ciencias de la Educación.

Cuando "ayudar", no ayuda.

Como es natural, los padres representan para los hijos, o deberían hacerlo, una figura de ejemplo a seguir; por ello, cuando precisan ayuda, los hijos acuden a su padres y se suele escuchar en los hogares los monosílabo más populares en las familias: “ma” o “pa”.

En un solo día, surgen incontables situaciones en las que los hijos requieren ayuda. ¿Siempre se los debe ayudar por ser los adultos a cargo?, ¿en qué momento se los debe dejar hacer solos sin sentir que se los está abandonando a su suerte?.

Es verdad que los adultos corren con ventaja, por ser mayores, y resolverán con increíble rapidez algo que a los niños, tal vez, cueste horas. Sin embargo, surge en torno a esta situación de “ayuda” una actitud errónea por parte de aquellos padres que los ayudan o asisten “demasiado” a sus hijos.

Los niños y adolescentes deben aprender a equivocarse y rehacer un trabajo escolar, deben asumir el riesgo de formular sus propios proyectos, con las falencias que éstos pueden tener, a pintar sus originales obras de arte, a encontrar cada íltems de la lista de materiales que deben llevar al colegio, a administrar los horarios para asistir a un lugar, a seleccionar su ropa y, hasta pueden indicar, si sus zapatillas precisan un lavado.

Cuando los adultos, por entenderse responsables, se involucran de manera excesiva en los quehaceres de los hijos, los ahogan, los limitan, los inhabilitan. Incluso, los padres que ayudan demasiado, entorpecen la educación de sus hijos con la actitud sobreprotectora.

En definitiva, cuando los adultos desean colaborar excesivamente, son cautivos del sentimiento egoísta que apunta a no ser avergonzados por los errores o equivocaciones de sus hijos. Sin embargo, el engaño en el que caen es similar al del tapar el sol con un dedo, ya que las numerosas asistencias a los más pequeños, terminarán haciendo que éstos, por no haber aprendido a valerse por sí mismos, los avergüencen tarde o temprano.

Un ejemplo típico es cuando los padres pretender ser “padres y maestros” a la vez. Esta situación genera conflictos y dependencia. Desde el colegio se enseña con una determinada metodología, existe una didáctica que acompaña los procesos de aprendizaje, se construye el conocimiento en relación con los pares, enriqueciéndose así el proceso pedagógico en su conjunto. Cuando los padres, en el afán de que sus hijos “entiendan” el contenido se posicionan como maestros, muchas veces, los perjudican. El niño o adolescente, acostumbrado a la asistencia permanente de sus progenitores no tiene necesidad alguna de prestar atención en clases y mucho menos, realizar las tareas escolares en el ambiente escolar, ya que cuenta con un maestro en su propia casa.

Los adultos pueden colaborar y ayudar a sus hijos, es parte de la labor de la paternidad/maternidad, pero deben incluir en la ayuda: el desarrollo de la autonomía, la responsabilidad, el compromiso y el esfuerzo. De esta manera, cuando los hijos logren algo, será efectivamente un logro personal. Logro que los habilitará a ir por más metas y otros objetivos.

Disfrazar la vagancia es “ayudar demasiado”. En las aulas argentinas existen miles de niños cuyos padres dicen: “no entiende”, “no le sale”, “no puede, pobrecito/a”; sin embargo, detrás de estos enunciados negativos, existen una infinidad de excusas que frustran a los estudiantes en lugar de hacerles ganar/lograr algo por el esfuerzo propio.

Los procesos mentales que requiere la memorización de las tablas de multiplicar, son similares a los que requiere aprenderse la letra de una canción; los chicos saben decenas de letras de canciones, sin embargo, ¿”no pueden” estudiarse 10 tablas?.

Es hora de intervenir como adultos en el afianzamiento de actitudes que ayuden a los más pequeños a superarse a diario, con errores, equivocaciones y libertad. Libertad para sentirse ellos mismos y valorados por sus posibilidades y limitaciones.

 

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación

Así como aquel 25 de Mayo de 1810, el reloj de la historia marcó la hora del alumbramiento de la patria, y de aquellos hombres que estaban dispuestos a protagonizar un hecho inédito, a través de la creación del primer gobierno patrio, el 25 de mayo de 2018, un grupo de más de 4000 personas pertenecientes a Comunidad Redentor, con determinación y decisión, reunidos en un Culto Patrio proclamaron la “Revolución 2018”. Un hecho histórico que marca un nuevo tiempo en el reloj que trasciende el tiempo de los hombres y que es cronometrado por el Dios de la Historia.

En un solo día se sembraron 650 álamos en las hectáreas que son de la propiedad de Asociación Redentor, una comunidad que crece en proporciones asombrosas y que entiende que para los tiempos que corren, el compromiso con la sociedad debe ser cada vez mayor. La siembra ha constituido un acto profético que trasciende generaciones. Allí donde hoy se sembró, mañana los hijos y nietos estarán disfrutando de la sombra de estos árboles, en un complejo espectacular que incluye un Campus Educativo que contará con una arquitectura asombrosa como lo exhibieran en realidad virtual a los asistentes.

Las familias de Comunidad Redentor se reunieron para celebrar a Dios en el marco de un día brillante, en el cual, no sólo se disfrutó el hecho de compartir en familia, sino también presentar los proyectos que se aproximan y que prometen elevar el nivel de la ciudad de San Lorenzo y su región con un nuevo Campus Educativo de Colegio Cristiano Redentor.

En dicha celebración se hicieron presentes autoridades de la ciudad, como el Sr. Intendente, Dr. Leonardo Raimundo y el concejal Hernán Oré, entre otros.
El 25 de Mayo de 1810, nuestro país dio sus primeros pasos como Nación libre, no solo por haber sido el primer grito de libertad de la patria, sino también por haber proyectado ese ideal a otros pueblos de América. De mismo modo, el 25 de mayo de 2018 Comunidad Redentor decretó bendición para esta tierra y un tiempo de fructificación y prosperidad en todo lo que se emprende.

Este país tiene un legado histórico, hubo hombres que quisieron el bien común para esta maravillosa Argentina. Hoy en día, afirmados en Dios, fuente de toda razón y justicia, las familias de Redentor se comprometieron una vez más con la defensa lo más precioso que tiene nuestra tierra, la vida y la familia.

El espíritu de Mayo de 1810 era cumplir con la misión histórica de fundar una Nación libre de ataduras, enriquecida con el aporte de todos sus hijos, y fundamentalmente, con su protagonismo. Hoy, el desafío es el mismo, ser un pueblo libre de las ataduras. Otrora el dominio español y hoy, los hechos de corrupción, violencia, desamparo, entre otros, que impiden vivir en verdadera libertad.

Comunidad Redentor, al mejor estilo revolucionario, consciente de la responsabilidad por las generaciones que vienen, ha decidido con fervor, en esta fiesta patria, forjar el futuro de Argentina invirtiendo en la educación de hombres y mujeres capaces de sostener, sobre las arenas movedizas de la mediocridad, la causa de la dignidad, la integridad y la libertad.

La oveja negra de la familia

Cada familia funciona como un grupo en el cual existen reglas explícitas, acuerdos tácitos, costumbres, modelos, patrones, premisas, entre otros componentes que establecen cómo se han de desenvolver cada uno de los miembros que la constituyen.

Sin embargo, no todo es paz y armonía todo el tiempo en los hogares. Los conflictos familiares aparecen por varios motivos; entre los más comunes se podrían mencionar: los cambios que traen aparejados consigo las etapas evolutivas de los hijos, los nuevos roles que comienzan a funcionar, el advenimiento de una independencia mayor con el tránsito de los hijos por la adolescencia, las dinámicas laborales de los adultos.

Cada persona es particular y única, por lo tanto; procesa los cambios o crisis en su familia de una manera que le es propia. Tal vez, lo que para un padre es una sonsera, para la hija menor, sea una catástrofe a escala mundial.

Tan particulares son los modos de procesar los cambios o conflictos que a la hora de pensar en la actitud tomada frente a una situación de tensión, cada miembro de la familia asume un rol específico. Lo interesante es que, más allá de las diferencias, suele existir el hilo conductor que vincula al grupo y es el objetivo de hallar la solución para superar la etapa de crisis.

Pero no en todos los casos se da la unidad en los hogares. A menudo, resaltan algunas ovejas negras. Aquel miembro familiar que no “encaja”, que no se siente comprendido, que siente que va en contra de la corriente, y por eso, es muchas veces excluido o dejado de lado.

La oveja negra de la familia por pensar diferente, tener una perspectiva de la realidad sensiblemente distinta a las marcadas por las premisas familiares, suele sufrir por sus posicionamientos.

No son pocos los casos de los padres que angustiados acuden a los especialistas aludiendo: “¡tenemos otros hijos, pero este me salió así, es la oveja negra!”.

¿Qué pasa con las ovejas negras?

El que no encaja, no necesariamente es el que está equivocado. Tal vez, las premisas familiares son las equivocadas.

Aún con sus diferencias, aquellos miembros de la familia que piensan distinto pueden ser un factor interesante que ayude al resto de la familia a crecer en la aceptación de los demás y de una mayor apertura del pensamiento.

En el relato bíblico, David, quién sería el próximo rey del pueblo de Israel, siendo jovencito fue considerado como una “oveja negra” entre los hijos de Isaí. La exclusión de este fue tal, que su padre casi pasa por alto presentarlo como uno de sus hijos y, sin embargo, esa oveja negra era el elegido para cumplir una tarea memorable en Israel.

Las familias constituyen el espacio donde todos sus miembros deben ser amados y partícipes clave en la dinámica de las mismas. Piensen y actúen igual o no.

No quiero decir que por ser diferente, se debe aceptar todo, quiero referir que cuando los valores son respetados, existen muchas maneras de lograr un mismo objetivo. Por ejemplo, los estudiantes cuando deben rendir un examen, pueden estudiar en contextos muy diferentes. Algunos precisan un silencio sepulcral y otros desean escuchar música de fondo. Ninguna de las opciones es la correcta, sin embargo, son válidas.

Con el ejemplo anterior, destaco la importancia de quitar el rótulo despectivo que implica llamar a un miembro de la familia “oveja negra” sólo por pensar y actuar de manera diferente y comenzar a observar que “su manera” de mirar el mundo puede enriquecer a la familia en lugar de entorpecer su progresos.

Los padres deben colaborar con sus hijos, desde pequeños haciéndoles sentir que “encajan” en el proyecto familiar. Las particularidades que cada uno tiene, deben ser disfrutadas como un aporte y como una posibilidad de aprendizaje, no como una rebeldía siempre. Hay rebeldes sin causa por todos lados, pero también hay ovejas negras (llamadas injustamente así) con las más nobles intenciones. En el seno familiar hay que saber discernir las intenciones y sobre todo filtrar los prejuicios y preconceptos con el filtro del amor.

 

 

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

"Hijos contestadores"

Es común escuchar a padres que se sienten frustrados y desorientados porque sus hijos les contestan incansablemente y con actitud desafiante. La dinámica familiar se ve alterada en su paz cuando se producen esas interminables discusiones con hijos preadolescentes y adolescentes.

En general, en los más pequeños, copian modelos de “niños rebeldes” en los programas que ven en los diferentes medios audiovisuales. Sin embargo, los adolescentes suelen manifestar sus propias crisis a través de discursos verbales desafiantes. La frase “rebelde sin causa” ilustraría de manera bastante aproximada lo que quiero decir. En otras palabras, la mayoría de los hijos no dicen exactamente lo que les pasa cuando se enredan en acaloradas discusiones, en realidad están “gritando” otras cuestiones que los preocupan; su rebeldía no tiene causa aparente. Es interesante destacar que aunque no tenga causa aparente, eso no quita que tenga causa. La originalidad de cada ser humano trae aparejada consigo las diferencias a la hora de procesar las emociones. Por ello, los padres, deben hacer un esfuerzo y convertirse en “observadores seriales” para poder ayudar como adultos responsables a sus hijos. No se trata de condenarlos por ser “impertinentes, desubicados o insolentes”; se trata de ayudarlos a encauzarse en un modo sano de relacionarse con el entorno: sin gritos, mal humor, tedio u otras emociones que perjudican su comunicación con otros.

Dice el proverbio que “la blanda respuesta quita la ira”; hablar con serenidad y calma es un buen remedio. El momento apropiado para poner paños fríos sobre la situación, es justamente cuando comienzan esas discusiones interminables (y cuyo origen, la mayoría de las veces, es una sonsera). Hay que evitar gritar siempre, ya que lo único que se logra gritando es encender más el enojo.

Otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de ayudar a los hijos, es entender que “no existe ninguna lucha de poder entre los padres e hijos”. El padre es el que tiene la autoridad, no precisa reclamar algo que ya es suyo, sólo debe ejercerla con sabiduría y amor. Se deben evitar los comentarios tales como: “cállate porque soy tu padre (o madre)”.

Además de mantener la calma incansablemente y ejercer la autoridad como padres, también es enriquecedor reforzar las conductas positivas en los niños y adolescentes. El peor momento para “hacer reclamos” es en medio de una discusión. Lo más apropiado es brindar seguridad fortaleciendo la estima mediante discursos positivos: “vas a lograr controlar esta situación”, “vos podés dominarlo”, “quiero ayudarte porque te amo”, “estoy con vos para lo que necesites”, “podés confiar en nosotros (padres)”.

Por último, es clave la coordinación entre los adultos. Se deben acordar las estrategias para colaborar en la situación y ser de ayuda mutua. El mensaje debe ser siempre el mismo. Las contradicciones generan inseguridad y retrocesos.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación

Enseñar a no rendirse

En los últimos años hemos presenciado como padres una incómoda tensión entre educar a nuestros hijos en medio de una cultura exitista y enseñarles a procesar sus fracasos y frustraciones.

En natural de los padres desear que a sus hijos les vaya bien en todo lo que emprenden, que alcancen sus objetivos sin sobresaltos ni obstáculos que los hagan tambalear en sus metas; sin embargo, este deseo, aunque legítimo, es un imposible. No se puede pretender que en el camino hacia un objetivo nunca se presenten situaciones problemáticas a resolver. De hecho, el salto de esas “piedras en el camino” para seguir avanzando, fortalecen el carácter y refuerzan la estima personal cuando son procesadas de manera apropiada.

Cuando se trata de “no rendirse” ante las dificultades, los padres cumplen un papel fundamental en la enseñanza de estrategias a sus hijos.

¿Cómo pueden accionar los hijos para lidiar con sus frustraciones?

Algunos puntos a tener en consideración podrían ser:

  • Ayudarlos a cultivar la estima personal. En este sentido resultará clave el discurso frente a las situaciones que parecer desestabilizar emocionalmente a los más pequeños. Decir frases como: “creemos en vos”, “podés superarlo”, “vas a lograr vencer este miedo o dificultad” ayudan a elevar el nivel de estima personal. En caso contrario, las frases denigrantes, destructivas y descalificantes, logran desanimar a los niños y los limitan a la hora de levantarse para sobreponerse de frustraciones. El discurso debe ser siempre positivo y alentador.
  • Fortalecer la fuerza de voluntad “no es muy occidental que digamos”, sin embargo, es un pilar para superar cualquier obstáculo en la vida. Cuando no se logran las metas que se desean, resulta valioso reconocer los esfuerzos por haber tratado de alcanzarlas, ya que, en definitiva, éstos constituyen acercamientos o aproximaciones a los propósitos que se pretenden lograr. Son como pequeñas conquistas que sirven para seguir intentándolo hasta que resulte. Si en una evaluación en el colegio hubo un resultado regular, no es recomendable condenar al niño con el resultado, sino desafiarlo a mejorarlo mediante el estudio, la concentración y un mayor esfuerzo para la próxima oportunidad.
  • Ayudar a los niños a afrontar los problemas. Uno de los mitos populares más extendidos es el del avestruz, a quién se le adjudica que esquiva las confrontaciones, rehúye ante las responsabilidades o escapa de los problemas al asconder su cabeza en la arena frente a situaciones de peligro. Si bien el mito no parece ser cierto, sirve la idea como ilustración. Debemos enseñar a nuestros hijos a hablar de los problemas que están teniendo en el recorrido que están realizando hacia sus metas. Existen niños/as que practican un deporte u otra actividad por años, hasta que al fin confiesan con amargura y frustración a sus padres que no les gusta para nada hacerlo y que lo han sufrido desde el comienzo. En este sentido, es necesario entablar conversaciones con los hijos para saber si están disfrutando lo que hacen, si se sienten motivados y en todo caso, si la motivación es correcta.
  • Los padres debemos ser buenos administradores en las exigencias. Esta debe ser paciente y amable, no sancionadora y convertirse en una presión insoportable para los hijos. Es más, los padres deben exigir, pero colaborar al mismo tiempo. Motivar a los hijos con el reconocimiento por sus esfuerzos diarios. Verbalizar en la reunión familiar que en los objetivos que se proponen cada uno de los integrantes, no están solos, sino que es un camino a recorrer juntos. En otras palabras, que cuando uno llega a lograr una meta, en realidad la logran todos los integrantes de la familia.

Lorena Leiva.

Prof. en Ciencias de la Educación

Sin dudas que los hijos son parte fundamental en el corazón de los padres. Puede existir una situación laboral, una situación de salud, o lo que fuere, y los padres lo solucionarán enseguida con su inteligencia o capacidades, pero cuando se trata de los hijos, ponen directamente sus corazones, lo dan todo!

¿Qué es potenciar?

Por definición, “potenciar” es “comunicar fuerza o energía a una cosa o incrementar la que ya tiene o aumentar el poder o la eficacia de una cosa.

Para entender cómo potenciar el crecimiento y la educación en los hijos debemos prestar atención a algunas premisas que facilitarán ese proceso:

Primer premisa:

Hace un tiempo leí una frase que me hizo comprender que el crecimiento es un proceso, que lleva tiempo. Encontré en la figura de un árbol una reflexión que se acerca mucho a lo que implica el proceso: “Los árboles no crecen tirando de sus ramas”. Debemos respetar las etapas en los niños. Vivimos en una sociedad que es tan acelerada con el “llame ya”, que nos metemos en esa manera de pensar y queremos que todo sea ya y ahora. El niño recién nace y ya estamos comprándole un triciclo, tiene 1 año y medio y estamos averiguando por su colegio primario, le compramos cuentos que son un testamento a los 3 años, cuando apenas leen imágenes a esa edad. Luego, al llegar a primaria ya fueron a varios grupos para aprender baile, patín, natación, y hasta  rindieron su primer examen internacional… en fin…. Eso sí, cuando tienen 10 años y quieren celular y salir solos con sus amigos, tratamos de frenarlos (cuando en realidad siempre los hemos acelerado)…Esto no es una apología para coartar las capacidades de los niños, está claro que debemos motivarlos y estimularlos, pero es necesario entender que son niños y una de las bendiciones más maravillosas que tienen los niños es la posibilidad de “jugar”, porque jugando aprenden, y mucho más de lo que se puede imaginar. En los juegos de roles, en los juegos simbólicos, en los juegos al aire libre, o de mesa, ellos están aprendiendo todo el tiempo. Cuando el juego se vuelve intencional, no existen los límites en el aprendizaje en los niños.

Segunda premisa:

Recordaba un relato que leí hace unos meses que me hizo reflexionar en lo importante que es pensar a los niños en su tiempo apropiado pero, a su vez, en lo que ellos son en sí, es decir: cuál es su contenido.

"Un grupo de ex estudiantes, muy reconocidos en sus carreras y en el ámbito profesional, se reunió para visitar a su viejo profesor de la Universidad.

La conversación se centró en las quejas que estos hacían sobre el estrés en el trabajo y en la vida cotidiana.

Ofreciéndoles algo caliente de beber, el profesor fue a la cocina y regresó con café y una gran variedad de tazas; de porcelana, plástico, vidrio, cristal, comunes, caras, exquisitas... Les pidió que tomaran una taza y se sirvieran café caliente.

Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo: "Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, pero han dejado las más comunes y las más baratas. Aunque es normal que quieran sólo lo mejor para ustedes, ése es el origen de sus problemas y del estrés que padecen.

Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero inconscientemente tomaron las mejores tazas y hasta las estuvieron comparando con las tazas de los demás.

Fíjense bien, prosiguió, la Vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y la posición social son las tazas. Esas tazas deberían tan solo ser herramientas para contener la Vida, lo que hay dentro, la Vida, no será ni mejor, ni peor. La calidad de la Vida no cambia dependiendo de la taza.

A veces, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café que hay en ella. Por lo tanto, no dejes que la taza te deslumbre, es mejor que aprendas a disfrutar del café",

¿De qué están “llenos” nuestros hijos? ¿Cuál es su contenido?

En la actualidad, los medios digitales, tienen absoluta relevancia en los niños. En algunos casos son los formadores prncipales de los mismos. 

Tercer premisa:

Se potencia a los hijos manteniendo una coherencia entre el discurso y lo que se hace. Los niños hacen lo que haces, no lo que dices. Es por ello que el espacio por excelencia para que los niños sean educados “es su casa”, No son las instituciones las encargadas de la educación de los hijos. La educación se potencia en los diferentes contextos donde el niño interactúa. En realidad, a través de los establecimientos educativos se apoya  y colabora con la educación que viene desde casa. Algunas veces, no se colabora tanto… Por ejemplo, con las propuestas que se intentan desarrollar en los colegios con la inculcación de ciertos temas que van en contra de lo que las familias creen y enseñan a sus hijos basados en sus valores.

Debemos crear plataformas para los hijos. Si bien dijimos al principio que no es bueno acelerar los procesos de crecimiento en los niños, esto no quiere decir que se les brinde oportunidades de formación. Desafiarlos a que aprendan un segundo idioma, a practicar un deporte, a aprender un instrumento, es crear plataformas a partir de las cuales se pueden fundamentar otras oportunidades de formación, pero todo a su debido tiempo.

Debemos ocuparnos de ellos en un mundo donde los dispositivos tecnológicos quieren robar la paternidad.

Debemos alejarnos de un excelente discurso que se contradice con las acciones. Nuestros hijos nos observan todo el tiempo, esa es la formación que más los influye.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

El cristal con que miramos.

En los próximos días, los docentes se reintegrarán a sus tareas escolares. Cada año se presenta como un nuevo desafío, con nuevos rostros en las aulas que a través de sus miradas hablan por sí mismos de lo que les sucede, de lo que viven en sus hogares. Las escuelas, como otras instituciones que contienen a familias enteras, se convierten en caja de resonancia de las problemáticas actuales. Resuenan en las aulas las experiencias de cada uno de los actores que la componen; no sólo niños, sino también los adultos responsables de la enseñanza.

En general cuando se realizan balances de los niveles educativos alcanzados se centra la mirada en los estudiantes. En otras palabras, se evalúa el nivel de la apropiación de contenidos (como si esto fuera posible con un sistema de evaluación estandarizado y una comunidad de estudiantes tan heterogénea); sin embargo quisiera, en mención de las horas que corren, centrar la mirada en los docentes. Evaluar de manera amable, no sancionadora, los procesos por los cuales el docente transita en un sistema inconsistente a lo largo de su historia (por los permanentes cambios y pruebas de modelos educativos aplicados) y ensayar algunas posibilidades de aliento para aquellos que desean crear una realidad que valga la pena para las generaciones que están aquí y ahora y las que vendrán.

Las prácticas educativas diarias están integradas por varios agentes, pero no existiría acto educativo si no hubiera por lo menos dos de esos agentes: alguien que aprenda y alguien que enseñe. Los docentes y los estudiantes son, en definitiva, los responsables de lo que sucede en la dimensión áulica. El entusiasmo, la alegría, el interés, el  compromiso, la impronta creadora (o todos los antónimos de estas palabras) crean a diario la realidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

¿Qué les sucede a los docentes?, ¿qué sentirán a pocos días de comenzar un nuevo ciclo escolar?

Cada docente está atravesado (condicionado) por infinitas experiencias que ha tenido a lo largo de su vida escolar y fuera de ese ámbito, por lo tanto no se podría generalizar y explicar brevemente cómo se sienten. Si acaso están entusiasmados, con curiosidad, nerviosos, cansados, ansiosos, despreocupados, incómodos, desalentados, alegre, etc. ; eso no puede predecirse. Sin embargo, lo que sí se puede hacer es pensar y reflexionar sobre las posibilidades emocionales frente al desafío del nuevo año escolar.

Uno de los versos de Ramón de Campoamor (1817-1901) incluidos en su poema de 1846 “Las dos linternas” dice:

“De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuánto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira”

De repente las generalizaciones suenan tediosas y molestan, pero entender que lo que se siente tiene que ver con una “mirada” condicionada abre un intersticio para reflexionar en torno a la posibilidad de cambiar las emociones. Lo que se siente, y más aún, si es una emoción negativa, puede ser modificada. Se trata de cambiar los cristales con los cuales se está mirando la realidad. También se trata de cambiar el ángulo desde el cual se está observando. “Todo es según el color del cristal con que se mira”

Sin caer en el optimismo absurdo de creer en una realidad ficticia, se puede pensar en que la educación puede mejorar con los aportes de los docentes. El sistema educativo no cambia de la noche a la mañana por arte de magia. No obstante, lo que cambia es la vida propia del docente cuando su emoción es positiva y eso es invalorable. Las emociones positivas contagian. Así, las instituciones cambian paulatinamente contribuyendo a una mejor educación. Las prácticas pedagógicas precisan ser protagonizadas por docentes que se calcen lentes con cristales  de seguridad, entusiasmo, profesionalismo y compromiso (por encima de los escasos o abundantes recursos con los cuales se cuente).

Si todos los profesionales (que tuvieron la posibilidad de elegir la carrera que siguieron) estarían felices con lo que hacen, se cambiarían realidades sin precedentes. Las encuestas en este sentido han sido desalentadoras. En 2017 se registraron (según los gremios que agrupan a los trabajadores de la educación) mayor número de docentes licenciados por estrés que en años anteriores.

Es más fácil decir que el sistema educativo es una vergüenza y que los sueldos son absolutamente injustos (que es verdad) que asumir que los docentes han caído en una victimización a partir de esas realidades. Salir del papel de víctima del sistema y asumir con una visión positiva y entusiasta el rol docente, es una ventaja con la que cuentan pocos profesores desafortunadamente.  Es hora de dar vuelta la página y escribir una historia diferente.

Hace unos meses escuché decir a una persona: “¿cómo hacen los docentes para aguantar a esos chicos irrespetuosos que gritan todo el tiempo?”. La idea de que el profesor “aguanta” se infiltra cada vez más en el imaginario del colectivo educativo. Ser parte de los procesos de formación académica de las personas es un privilegio, no un aguante.

En los próximos días los medios de comunicación girarán su mirada a los temas de las paritarias docentes, como es natural. El término “paritaria” deriva de la palabra “paritarius”, que significa “relativo a las partes” y que se encuentra conformada por dos elementos. ¿Qué decir de las partes que integran los procesos pedagógicos?, es decir profesores y estudiantes…

Sería maravilloso que cada trabajador fuera remunerado con justicia; sin embargo la “educación” no es trabajo más. Hay una responsabilidad social en los procesos de formación académica, la educación no es un mercado más en la geografía social… Esto me hace pensar en las paritarias entre docentes y estudiantes… Ellos merecen la mejor disposición, después de todo cada oportunidad para aprender es única e irrepetible.

No se pueden señalar con exactitud las emociones que surgen en estos días en los docentes, pero sí se puede alentar a estos fantásticos profesionales a que se animen a cambiar los cristales oscuros, borrosos, deslucidos, pesimistas y avejentados por unos brillantes, nítidos, desiguales y asombrosos.

Mirar con otros cristales les permitirá experimentar cada día la alegría al ingresar al salón de clases. Ellos se sentirán satisfechos y los estudiantes serán tan impactados por esa virtud de enseñar con alegría que no sólo aprenderán diez veces mejor, sino que serán cada día mejores personas y ahí sí se podrá decir: “tarea cumplida”.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

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