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La oveja negra de la familia

Cada familia funciona como un grupo en el cual existen reglas explícitas, acuerdos tácitos, costumbres, modelos, patrones, premisas, entre otros componentes que establecen cómo se han de desenvolver cada uno de los miembros que la constituyen.

Sin embargo, no todo es paz y armonía todo el tiempo en los hogares. Los conflictos familiares aparecen por varios motivos; entre los más comunes se podrían mencionar: los cambios que traen aparejados consigo las etapas evolutivas de los hijos, los nuevos roles que comienzan a funcionar, el advenimiento de una independencia mayor con el tránsito de los hijos por la adolescencia, las dinámicas laborales de los adultos.

Cada persona es particular y única, por lo tanto; procesa los cambios o crisis en su familia de una manera que le es propia. Tal vez, lo que para un padre es una sonsera, para la hija menor, sea una catástrofe a escala mundial.

Tan particulares son los modos de procesar los cambios o conflictos que a la hora de pensar en la actitud tomada frente a una situación de tensión, cada miembro de la familia asume un rol específico. Lo interesante es que, más allá de las diferencias, suele existir el hilo conductor que vincula al grupo y es el objetivo de hallar la solución para superar la etapa de crisis.

Pero no en todos los casos se da la unidad en los hogares. A menudo, resaltan algunas ovejas negras. Aquel miembro familiar que no “encaja”, que no se siente comprendido, que siente que va en contra de la corriente, y por eso, es muchas veces excluido o dejado de lado.

La oveja negra de la familia por pensar diferente, tener una perspectiva de la realidad sensiblemente distinta a las marcadas por las premisas familiares, suele sufrir por sus posicionamientos.

No son pocos los casos de los padres que angustiados acuden a los especialistas aludiendo: “¡tenemos otros hijos, pero este me salió así, es la oveja negra!”.

¿Qué pasa con las ovejas negras?

El que no encaja, no necesariamente es el que está equivocado. Tal vez, las premisas familiares son las equivocadas.

Aún con sus diferencias, aquellos miembros de la familia que piensan distinto pueden ser un factor interesante que ayude al resto de la familia a crecer en la aceptación de los demás y de una mayor apertura del pensamiento.

En el relato bíblico, David, quién sería el próximo rey del pueblo de Israel, siendo jovencito fue considerado como una “oveja negra” entre los hijos de Isaí. La exclusión de este fue tal, que su padre casi pasa por alto presentarlo como uno de sus hijos y, sin embargo, esa oveja negra era el elegido para cumplir una tarea memorable en Israel.

Las familias constituyen el espacio donde todos sus miembros deben ser amados y partícipes clave en la dinámica de las mismas. Piensen y actúen igual o no.

No quiero decir que por ser diferente, se debe aceptar todo, quiero referir que cuando los valores son respetados, existen muchas maneras de lograr un mismo objetivo. Por ejemplo, los estudiantes cuando deben rendir un examen, pueden estudiar en contextos muy diferentes. Algunos precisan un silencio sepulcral y otros desean escuchar música de fondo. Ninguna de las opciones es la correcta, sin embargo, son válidas.

Con el ejemplo anterior, destaco la importancia de quitar el rótulo despectivo que implica llamar a un miembro de la familia “oveja negra” sólo por pensar y actuar de manera diferente y comenzar a observar que “su manera” de mirar el mundo puede enriquecer a la familia en lugar de entorpecer su progresos.

Los padres deben colaborar con sus hijos, desde pequeños haciéndoles sentir que “encajan” en el proyecto familiar. Las particularidades que cada uno tiene, deben ser disfrutadas como un aporte y como una posibilidad de aprendizaje, no como una rebeldía siempre. Hay rebeldes sin causa por todos lados, pero también hay ovejas negras (llamadas injustamente así) con las más nobles intenciones. En el seno familiar hay que saber discernir las intenciones y sobre todo filtrar los prejuicios y preconceptos con el filtro del amor.

 

 

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

"Hijos contestadores"

Es común escuchar a padres que se sienten frustrados y desorientados porque sus hijos les contestan incansablemente y con actitud desafiante. La dinámica familiar se ve alterada en su paz cuando se producen esas interminables discusiones con hijos preadolescentes y adolescentes.

En general, en los más pequeños, copian modelos de “niños rebeldes” en los programas que ven en los diferentes medios audiovisuales. Sin embargo, los adolescentes suelen manifestar sus propias crisis a través de discursos verbales desafiantes. La frase “rebelde sin causa” ilustraría de manera bastante aproximada lo que quiero decir. En otras palabras, la mayoría de los hijos no dicen exactamente lo que les pasa cuando se enredan en acaloradas discusiones, en realidad están “gritando” otras cuestiones que los preocupan; su rebeldía no tiene causa aparente. Es interesante destacar que aunque no tenga causa aparente, eso no quita que tenga causa. La originalidad de cada ser humano trae aparejada consigo las diferencias a la hora de procesar las emociones. Por ello, los padres, deben hacer un esfuerzo y convertirse en “observadores seriales” para poder ayudar como adultos responsables a sus hijos. No se trata de condenarlos por ser “impertinentes, desubicados o insolentes”; se trata de ayudarlos a encauzarse en un modo sano de relacionarse con el entorno: sin gritos, mal humor, tedio u otras emociones que perjudican su comunicación con otros.

Dice el proverbio que “la blanda respuesta quita la ira”; hablar con serenidad y calma es un buen remedio. El momento apropiado para poner paños fríos sobre la situación, es justamente cuando comienzan esas discusiones interminables (y cuyo origen, la mayoría de las veces, es una sonsera). Hay que evitar gritar siempre, ya que lo único que se logra gritando es encender más el enojo.

Otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de ayudar a los hijos, es entender que “no existe ninguna lucha de poder entre los padres e hijos”. El padre es el que tiene la autoridad, no precisa reclamar algo que ya es suyo, sólo debe ejercerla con sabiduría y amor. Se deben evitar los comentarios tales como: “cállate porque soy tu padre (o madre)”.

Además de mantener la calma incansablemente y ejercer la autoridad como padres, también es enriquecedor reforzar las conductas positivas en los niños y adolescentes. El peor momento para “hacer reclamos” es en medio de una discusión. Lo más apropiado es brindar seguridad fortaleciendo la estima mediante discursos positivos: “vas a lograr controlar esta situación”, “vos podés dominarlo”, “quiero ayudarte porque te amo”, “estoy con vos para lo que necesites”, “podés confiar en nosotros (padres)”.

Por último, es clave la coordinación entre los adultos. Se deben acordar las estrategias para colaborar en la situación y ser de ayuda mutua. El mensaje debe ser siempre el mismo. Las contradicciones generan inseguridad y retrocesos.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación

Enseñar a no rendirse

En los últimos años hemos presenciado como padres una incómoda tensión entre educar a nuestros hijos en medio de una cultura exitista y enseñarles a procesar sus fracasos y frustraciones.

En natural de los padres desear que a sus hijos les vaya bien en todo lo que emprenden, que alcancen sus objetivos sin sobresaltos ni obstáculos que los hagan tambalear en sus metas; sin embargo, este deseo, aunque legítimo, es un imposible. No se puede pretender que en el camino hacia un objetivo nunca se presenten situaciones problemáticas a resolver. De hecho, el salto de esas “piedras en el camino” para seguir avanzando, fortalecen el carácter y refuerzan la estima personal cuando son procesadas de manera apropiada.

Cuando se trata de “no rendirse” ante las dificultades, los padres cumplen un papel fundamental en la enseñanza de estrategias a sus hijos.

¿Cómo pueden accionar los hijos para lidiar con sus frustraciones?

Algunos puntos a tener en consideración podrían ser:

  • Ayudarlos a cultivar la estima personal. En este sentido resultará clave el discurso frente a las situaciones que parecer desestabilizar emocionalmente a los más pequeños. Decir frases como: “creemos en vos”, “podés superarlo”, “vas a lograr vencer este miedo o dificultad” ayudan a elevar el nivel de estima personal. En caso contrario, las frases denigrantes, destructivas y descalificantes, logran desanimar a los niños y los limitan a la hora de levantarse para sobreponerse de frustraciones. El discurso debe ser siempre positivo y alentador.
  • Fortalecer la fuerza de voluntad “no es muy occidental que digamos”, sin embargo, es un pilar para superar cualquier obstáculo en la vida. Cuando no se logran las metas que se desean, resulta valioso reconocer los esfuerzos por haber tratado de alcanzarlas, ya que, en definitiva, éstos constituyen acercamientos o aproximaciones a los propósitos que se pretenden lograr. Son como pequeñas conquistas que sirven para seguir intentándolo hasta que resulte. Si en una evaluación en el colegio hubo un resultado regular, no es recomendable condenar al niño con el resultado, sino desafiarlo a mejorarlo mediante el estudio, la concentración y un mayor esfuerzo para la próxima oportunidad.
  • Ayudar a los niños a afrontar los problemas. Uno de los mitos populares más extendidos es el del avestruz, a quién se le adjudica que esquiva las confrontaciones, rehúye ante las responsabilidades o escapa de los problemas al asconder su cabeza en la arena frente a situaciones de peligro. Si bien el mito no parece ser cierto, sirve la idea como ilustración. Debemos enseñar a nuestros hijos a hablar de los problemas que están teniendo en el recorrido que están realizando hacia sus metas. Existen niños/as que practican un deporte u otra actividad por años, hasta que al fin confiesan con amargura y frustración a sus padres que no les gusta para nada hacerlo y que lo han sufrido desde el comienzo. En este sentido, es necesario entablar conversaciones con los hijos para saber si están disfrutando lo que hacen, si se sienten motivados y en todo caso, si la motivación es correcta.
  • Los padres debemos ser buenos administradores en las exigencias. Esta debe ser paciente y amable, no sancionadora y convertirse en una presión insoportable para los hijos. Es más, los padres deben exigir, pero colaborar al mismo tiempo. Motivar a los hijos con el reconocimiento por sus esfuerzos diarios. Verbalizar en la reunión familiar que en los objetivos que se proponen cada uno de los integrantes, no están solos, sino que es un camino a recorrer juntos. En otras palabras, que cuando uno llega a lograr una meta, en realidad la logran todos los integrantes de la familia.

Lorena Leiva.

Prof. en Ciencias de la Educación

Sin dudas que los hijos son parte fundamental en el corazón de los padres. Puede existir una situación laboral, una situación de salud, o lo que fuere, y los padres lo solucionarán enseguida con su inteligencia o capacidades, pero cuando se trata de los hijos, ponen directamente sus corazones, lo dan todo!

¿Qué es potenciar?

Por definición, “potenciar” es “comunicar fuerza o energía a una cosa o incrementar la que ya tiene o aumentar el poder o la eficacia de una cosa.

Para entender cómo potenciar el crecimiento y la educación en los hijos debemos prestar atención a algunas premisas que facilitarán ese proceso:

Primer premisa:

Hace un tiempo leí una frase que me hizo comprender que el crecimiento es un proceso, que lleva tiempo. Encontré en la figura de un árbol una reflexión que se acerca mucho a lo que implica el proceso: “Los árboles no crecen tirando de sus ramas”. Debemos respetar las etapas en los niños. Vivimos en una sociedad que es tan acelerada con el “llame ya”, que nos metemos en esa manera de pensar y queremos que todo sea ya y ahora. El niño recién nace y ya estamos comprándole un triciclo, tiene 1 año y medio y estamos averiguando por su colegio primario, le compramos cuentos que son un testamento a los 3 años, cuando apenas leen imágenes a esa edad. Luego, al llegar a primaria ya fueron a varios grupos para aprender baile, patín, natación, y hasta  rindieron su primer examen internacional… en fin…. Eso sí, cuando tienen 10 años y quieren celular y salir solos con sus amigos, tratamos de frenarlos (cuando en realidad siempre los hemos acelerado)…Esto no es una apología para coartar las capacidades de los niños, está claro que debemos motivarlos y estimularlos, pero es necesario entender que son niños y una de las bendiciones más maravillosas que tienen los niños es la posibilidad de “jugar”, porque jugando aprenden, y mucho más de lo que se puede imaginar. En los juegos de roles, en los juegos simbólicos, en los juegos al aire libre, o de mesa, ellos están aprendiendo todo el tiempo. Cuando el juego se vuelve intencional, no existen los límites en el aprendizaje en los niños.

Segunda premisa:

Recordaba un relato que leí hace unos meses que me hizo reflexionar en lo importante que es pensar a los niños en su tiempo apropiado pero, a su vez, en lo que ellos son en sí, es decir: cuál es su contenido.

"Un grupo de ex estudiantes, muy reconocidos en sus carreras y en el ámbito profesional, se reunió para visitar a su viejo profesor de la Universidad.

La conversación se centró en las quejas que estos hacían sobre el estrés en el trabajo y en la vida cotidiana.

Ofreciéndoles algo caliente de beber, el profesor fue a la cocina y regresó con café y una gran variedad de tazas; de porcelana, plástico, vidrio, cristal, comunes, caras, exquisitas... Les pidió que tomaran una taza y se sirvieran café caliente.

Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo: "Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, pero han dejado las más comunes y las más baratas. Aunque es normal que quieran sólo lo mejor para ustedes, ése es el origen de sus problemas y del estrés que padecen.

Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero inconscientemente tomaron las mejores tazas y hasta las estuvieron comparando con las tazas de los demás.

Fíjense bien, prosiguió, la Vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y la posición social son las tazas. Esas tazas deberían tan solo ser herramientas para contener la Vida, lo que hay dentro, la Vida, no será ni mejor, ni peor. La calidad de la Vida no cambia dependiendo de la taza.

A veces, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café que hay en ella. Por lo tanto, no dejes que la taza te deslumbre, es mejor que aprendas a disfrutar del café",

¿De qué están “llenos” nuestros hijos? ¿Cuál es su contenido?

En la actualidad, los medios digitales, tienen absoluta relevancia en los niños. En algunos casos son los formadores prncipales de los mismos. 

Tercer premisa:

Se potencia a los hijos manteniendo una coherencia entre el discurso y lo que se hace. Los niños hacen lo que haces, no lo que dices. Es por ello que el espacio por excelencia para que los niños sean educados “es su casa”, No son las instituciones las encargadas de la educación de los hijos. La educación se potencia en los diferentes contextos donde el niño interactúa. En realidad, a través de los establecimientos educativos se apoya  y colabora con la educación que viene desde casa. Algunas veces, no se colabora tanto… Por ejemplo, con las propuestas que se intentan desarrollar en los colegios con la inculcación de ciertos temas que van en contra de lo que las familias creen y enseñan a sus hijos basados en sus valores.

Debemos crear plataformas para los hijos. Si bien dijimos al principio que no es bueno acelerar los procesos de crecimiento en los niños, esto no quiere decir que se les brinde oportunidades de formación. Desafiarlos a que aprendan un segundo idioma, a practicar un deporte, a aprender un instrumento, es crear plataformas a partir de las cuales se pueden fundamentar otras oportunidades de formación, pero todo a su debido tiempo.

Debemos ocuparnos de ellos en un mundo donde los dispositivos tecnológicos quieren robar la paternidad.

Debemos alejarnos de un excelente discurso que se contradice con las acciones. Nuestros hijos nos observan todo el tiempo, esa es la formación que más los influye.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

El cristal con que miramos.

En los próximos días, los docentes se reintegrarán a sus tareas escolares. Cada año se presenta como un nuevo desafío, con nuevos rostros en las aulas que a través de sus miradas hablan por sí mismos de lo que les sucede, de lo que viven en sus hogares. Las escuelas, como otras instituciones que contienen a familias enteras, se convierten en caja de resonancia de las problemáticas actuales. Resuenan en las aulas las experiencias de cada uno de los actores que la componen; no sólo niños, sino también los adultos responsables de la enseñanza.

En general cuando se realizan balances de los niveles educativos alcanzados se centra la mirada en los estudiantes. En otras palabras, se evalúa el nivel de la apropiación de contenidos (como si esto fuera posible con un sistema de evaluación estandarizado y una comunidad de estudiantes tan heterogénea); sin embargo quisiera, en mención de las horas que corren, centrar la mirada en los docentes. Evaluar de manera amable, no sancionadora, los procesos por los cuales el docente transita en un sistema inconsistente a lo largo de su historia (por los permanentes cambios y pruebas de modelos educativos aplicados) y ensayar algunas posibilidades de aliento para aquellos que desean crear una realidad que valga la pena para las generaciones que están aquí y ahora y las que vendrán.

Las prácticas educativas diarias están integradas por varios agentes, pero no existiría acto educativo si no hubiera por lo menos dos de esos agentes: alguien que aprenda y alguien que enseñe. Los docentes y los estudiantes son, en definitiva, los responsables de lo que sucede en la dimensión áulica. El entusiasmo, la alegría, el interés, el  compromiso, la impronta creadora (o todos los antónimos de estas palabras) crean a diario la realidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

¿Qué les sucede a los docentes?, ¿qué sentirán a pocos días de comenzar un nuevo ciclo escolar?

Cada docente está atravesado (condicionado) por infinitas experiencias que ha tenido a lo largo de su vida escolar y fuera de ese ámbito, por lo tanto no se podría generalizar y explicar brevemente cómo se sienten. Si acaso están entusiasmados, con curiosidad, nerviosos, cansados, ansiosos, despreocupados, incómodos, desalentados, alegre, etc. ; eso no puede predecirse. Sin embargo, lo que sí se puede hacer es pensar y reflexionar sobre las posibilidades emocionales frente al desafío del nuevo año escolar.

Uno de los versos de Ramón de Campoamor (1817-1901) incluidos en su poema de 1846 “Las dos linternas” dice:

“De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuánto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira”

De repente las generalizaciones suenan tediosas y molestan, pero entender que lo que se siente tiene que ver con una “mirada” condicionada abre un intersticio para reflexionar en torno a la posibilidad de cambiar las emociones. Lo que se siente, y más aún, si es una emoción negativa, puede ser modificada. Se trata de cambiar los cristales con los cuales se está mirando la realidad. También se trata de cambiar el ángulo desde el cual se está observando. “Todo es según el color del cristal con que se mira”

Sin caer en el optimismo absurdo de creer en una realidad ficticia, se puede pensar en que la educación puede mejorar con los aportes de los docentes. El sistema educativo no cambia de la noche a la mañana por arte de magia. No obstante, lo que cambia es la vida propia del docente cuando su emoción es positiva y eso es invalorable. Las emociones positivas contagian. Así, las instituciones cambian paulatinamente contribuyendo a una mejor educación. Las prácticas pedagógicas precisan ser protagonizadas por docentes que se calcen lentes con cristales  de seguridad, entusiasmo, profesionalismo y compromiso (por encima de los escasos o abundantes recursos con los cuales se cuente).

Si todos los profesionales (que tuvieron la posibilidad de elegir la carrera que siguieron) estarían felices con lo que hacen, se cambiarían realidades sin precedentes. Las encuestas en este sentido han sido desalentadoras. En 2017 se registraron (según los gremios que agrupan a los trabajadores de la educación) mayor número de docentes licenciados por estrés que en años anteriores.

Es más fácil decir que el sistema educativo es una vergüenza y que los sueldos son absolutamente injustos (que es verdad) que asumir que los docentes han caído en una victimización a partir de esas realidades. Salir del papel de víctima del sistema y asumir con una visión positiva y entusiasta el rol docente, es una ventaja con la que cuentan pocos profesores desafortunadamente.  Es hora de dar vuelta la página y escribir una historia diferente.

Hace unos meses escuché decir a una persona: “¿cómo hacen los docentes para aguantar a esos chicos irrespetuosos que gritan todo el tiempo?”. La idea de que el profesor “aguanta” se infiltra cada vez más en el imaginario del colectivo educativo. Ser parte de los procesos de formación académica de las personas es un privilegio, no un aguante.

En los próximos días los medios de comunicación girarán su mirada a los temas de las paritarias docentes, como es natural. El término “paritaria” deriva de la palabra “paritarius”, que significa “relativo a las partes” y que se encuentra conformada por dos elementos. ¿Qué decir de las partes que integran los procesos pedagógicos?, es decir profesores y estudiantes…

Sería maravilloso que cada trabajador fuera remunerado con justicia; sin embargo la “educación” no es trabajo más. Hay una responsabilidad social en los procesos de formación académica, la educación no es un mercado más en la geografía social… Esto me hace pensar en las paritarias entre docentes y estudiantes… Ellos merecen la mejor disposición, después de todo cada oportunidad para aprender es única e irrepetible.

No se pueden señalar con exactitud las emociones que surgen en estos días en los docentes, pero sí se puede alentar a estos fantásticos profesionales a que se animen a cambiar los cristales oscuros, borrosos, deslucidos, pesimistas y avejentados por unos brillantes, nítidos, desiguales y asombrosos.

Mirar con otros cristales les permitirá experimentar cada día la alegría al ingresar al salón de clases. Ellos se sentirán satisfechos y los estudiantes serán tan impactados por esa virtud de enseñar con alegría que no sólo aprenderán diez veces mejor, sino que serán cada día mejores personas y ahí sí se podrá decir: “tarea cumplida”.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

"Grilletes"

Los grilletes suelen ser utilizados como dispositivos de inmovilización. “Cuando un prisionero es considerado especialmente peligroso, los grilletes son más bien parecidos a un par de esposas, pero en lugar de éstas últimas, se aplican a los tobillos, y poseen una cadena más larga. La cadena que conecta un grillete con otro se puede unir también con la cadena de las esposas por medio de una cadena de unión, esto para levantar la cadena de los grilletes y evitar que el prisionero tropiece por una cadena atorada durante su andar”.

Los seres humanos hemos sido diseñados para transitar nuestra vida en libertad. Sin embargo, cuando se cometen delitos, se establece una pena y se envía a prisión a aquel que cometió el mismo (Sistema de Justicia).

 Así como el cuerpo debe permanecer cumpliendo condena, también nuestra alma y espíritu, a través de ciertas experiencias que condicionan nuestra libertad, nos introducen en “prisiones” de manera casi inadvertida. Lo cierto es que, entregamos nuestra libertad para elegir modos de esclavitud que nos dominen. De tal modo, nos convertimos en esclavos del temor, la ansiedad, la amargura, la tristeza, la depresión y otras emociones negativas que funcionan como “grilletes” que nos impiden avanzar. Figurativamente, sería como si nuestra alma y espíritu quedarían atrapados e inmovilizados.

La situación que nos ha introducido en esas cárceles emocionales nos sitúa, a renglón seguido, en valles de desolación y desesperación donde los gritos de auxilio son silenciados con sonido mudo. En este estadio la  toma de decisiones será trascendental. De acuerdo a la actitud que se tome, se tornará más despejado el cielo gris hasta llegar al día radiante.

Lo alentador es saber que esas prisiones tienen tiempo de cumplimiento de condena. En otras palabras, cumplen un ciclo y se puede lograr la libertad si se toman buenas decisiones. ¿Cuáles son consideradas “buenas decisiones”?

El ser humano es tripartita, es decir que posee cuerpo, alma y espíritu. Si bien los intelectuales han puesto en tela de juicio esta constitución del ser a lo largo de la historia, partimos de la base que pensamos, sentimos emociones y experimentamos sensaciones a través del cuerpo. Las facultades humanas del intelecto, la psicomotricidad, la afectividad, la volición y la espiritualidad del ser humano, distancian cada vez más la idea de un ser humano sólo corpóreo; por lo tanto los seres humanos debemos cuidar y alimentar cada parte que nos completa como tales.

Avanzar en la vida es entre otras cosas “crecer”. El crecimiento corpóreo se da naturalmente por recibir alimentación. Si una persona nutre su cuerpo, crece fuerte y sano. Evidentemente, si para crecer se precisa alimentarse a nivel biológico, a nivel alma y espíritu, sucede exactamente lo mismo.

¿Cómo se alimentan las emociones?, ¿Cómo se alimenta el espíritu?

Algunos profesionales de la salud, a modo de chiste expresan que el “cerebro” es un órgano “bobo”; es decir, que se cree todo lo que le dicen. Si el cerebro entiende a través de las palabras que algo va a “salir bien”, se lo cree y lo dicho es hecho. La importancia de lo que decimos (pensamos) es fundamental para un desarrollo sano de las emociones. Pensar positivamente no es caer en la inocencia un optimismo infantil, es generar la disposición a nivel cerebral para favorecer lo que nos acontecerá. La realidad, entonces es una construcción. Los pensamientos que surjan deben ser cuidadosamente supervisados para no caer en las trampas del pesimismo destructivo.

El espíritu también se alimenta para crecer.

En cierta ocasión un maestro les preguntó a unos hombres: “En una lucha entre un perro negro y un perro blanco, ¿cuál ganará?. Inmediatamente le respondieron: el perro negro. El maestro negó con su cabeza y dijo: vencerá el que esté mejor alimentado”.

¿De qué se alimenta el espíritu para ser fortalecido? Los seres humanos no fueron creados  para hacer “lo malo”, eligieron a posteriori “hacer lo malo”, pero en el plan original fueron diseñados para lo bueno. Cuando surgen situaciones conflictivas que atentan contra la integridad de los semejantes, los hombres y mujeres quieren ayudar, mostrando solidaridad, comprensión, sensibilidad. En tragedias ocurridas en el mundo, siempre se ve al ser humano luchando para ayudar a su semejante. Ese es el sentimiento original, el AMOR al prójimo. Sin embargo, muchos hombres y mujeres se corrompen y buscan hacer lo malo al prójimo, pues bien; corrompiéndose no alimentan su espíritu, lo desnutren, destruyen y lastiman. Buscar lo bueno, es alimentar el espíritu. Por otra parte, el Espíritu del Creador es alimento y fortaleza para los que le creen y lo buscan.

En una sociedad fatalizada con estrés es casi “causa-efecto” esperar que los grilletes aprisionen y coarten la libertad en las personas. Sin embargo, no hay que quedarse allí, es necesario asumir responsabilidades por la propia vida y decidir firmemente salir a un lugar “espacioso” donde todos los grilletes sean rotos y se puedan alzar los brazos con libertad para poder seguir avanzando y creciendo en cada aspecto personal. Aceptar el desafío de ser libres cada día se logra con actitud determinada. Por ello es tan importante revisar nuestras actitudes y la determinación de  alimentarnos de manera integral.

Lorena Leiva
Prof. en Ciencias de la Educación

“Haz lo que digo, no lo que hago”; esta frase célebre, se encuentra en forma casi textual en labios de Séneca (filósofo), cuando fuera interrogado sobre su hacer y decir en la corte de Nerón.


¿Qué produce el doble discurso en los niños?


El doble discurso, que emana de una doble moral, produce en los niños confusión y desilusión. Por un lado, no saben a ciencia cierta qué es lo que se espera de ellos. En definitiva, un acto vale más que mil palabras. Si se pide a los niños que no mientan, pero el niño descubre al adulto mintiendo, no existe posibilidad que escuche un solo discurso, el niño mentirá porque ese ha sido su modelo en acción. Los seres humanos somos, en su mayoría, más prácticos que racionales. Tal es así, que si alguien adquiere una calculadora (por no mencionar a los celulares), no leerá el manual de instrucciones antes de encenderla, simplemente la utilizará intuitivamente. Eso mismo sucede en otros campos del comportamiento humano. Se aprende en gran medida por imitación. Los niños, copian lo que otros hacen. En general, admiran a los adultos cercanos y aprender cómo actuar a partir de la observación. Incluso “idealizan” a ciertas personas del entorno. No resulta extraño que un niño (que admira al adulto que es su referente o modelo a seguir), cuando descubre la incoherencia entre los dichos y las acciones del mismo, se desilusione. La desilusión produce tristeza porque se pierde la esperanza al saber que algo o alguien no es como se creía.

El doble discurso también es una forma de violencia que demuestra de manera explícita las contradicciones que tenemos los seres humanos. Es mentirnos a nosotros mismos y a los demás. "Escribir con la mano y borrar con el codo” es una figura que representa claramente lo que sucede cuando en nuestro discurso y en nuestros hechos existe una contradicción. Contradicción que no adjetiva de hipócritas.


La raíz de la palabra “hipócrita” es interesante: definimos a una persona hipócrita como «aquella que finge sentimientos que no tiene, o que expresa ideales que no sigue», el origen de la palabra hipócrita proviene del latín hypocrisis y del griego hypokrisis, que significan acción de desempeñar un papel, por lo que la palabra hipócrita designaba a un actor contratado para fingir o hacerse pasar por aquel que no era. Ser hipócrita, en una palabras, es “fingir”.


La pregunta es: ¿deseamos ser realmente buenos padres o fingimos ser buenos padres?.
La rutina en los hogares nos permite en numerosas ocasiones encontrar claros ejemplos de relaciones hipócritas. Tal vez, la mayoría de las veces no son actos de hipocresía conscientes; más bien, son costumbres o malos hábitos no identificados. Se les dice a los niños que cuiden su salud, se abriguen y no tomen frío o se expongan a los perjuicios de los rayos ultravioletas y los adultos no practican esos buenos hábitos. Se pretende que los niños sean buenos compañeros con sus pares y dialoguen en momentos que no hay acuerdos; y, sin embargo, en una discusión acalorada de adultos parece ser imposible la comunicación en tono acorde y con términos adecuados que reflejen el respeto por el otro. Es menester iniciar un camino introspectivo de identificación de hipocresías para poder batallar contra ellas y sentirnos mejor como adultos (coherentes) y ser formadores saludables.


En los hogares, a diario la rutina nos deja un sinfín de ejemplos de dobles discursos que confunden y generan tensiones permanentes. Estas tensiones roban la paz y la armonía en el seno del hogar generando altos niveles de estrés y condicionando la formación en valores de los niños y adolescentes.
La sociedad necesita adultos coherentes, que no actúen dominados por sus impulsos o por su razón. Se debe actuar/educar/formar bajo la vara de valores. Las familias que rigen sus relaciones basadas en valores desarrollan hábitos de respeto, solidaridad, compasión, amistad, perdón, empatía y sobre todo, desarrollan el hábito de vivir en paz regidos por el vínculo del amor (vínculo perfecto).

Lorena Leiva
Prof. en Ciencias de la Educación.

Sin lugar a dudas el siglo XVI ha sido protagonista de sucesos que han marcado la historia de la humanidad en el ámbito de la ciencia, la religión, la política, las artes y la economía. En cada  siglo, la sociedad presente, vivió experiencias que produjeron la escritura de todos los capítulos presentes, desde el comienzo hasta la actualidad, de la historia universal. Una historia que plantea  inicios, rumbos, giros, avances, tensiones y retrocesos, pero que es la historia en sí, de la vida de todos los seres humanos.

Las facilidades que ofrecen las redes sociales en la actualidad, a través de internet,  son fascinantes. Estamos comunicados con todo el mundo. La información viaja a una velocidad increíble. El alcance (no la profundidad) en las relaciones personales, ha crecido exponencialmente. Resulta inusual que alguien no pueda acceder a la información con las facilidades que se plantean en este mundo sin barreras. Pero esta realidad presenta, como una moneda, dos caras. Así, la dimensión cobrada por el viaje de la información resulta beneficiosa y perjudicial al mismo tiempo. Cabe preguntarse, ¿por qué motivo una herramienta tan útil, también puede ser tan letal?. Básicamente, por la intencionalidad en el uso que se tenga de la misma.

A través de las redes sociales se pueden compartir textos, imágenes, audios y vídeos. El alcance de lo que se comparte en internet no es imaginable. Nunca se puede saber con exactitud (aún con el establecimiento de configuraciones de privacidad) quién accederá a lo que se sube a través de Instagram, lo que se graba y/o escribe en whatsapp o lo que se publica en un muro de Facebook o Twitter, por mencionar a los sitios más frecuentados en el mundo. Esta situación, genera un alerta ante la cual los adultos debemos reaccionar, sobre todo, cuando los usuarios perjudicados son menores.

¿Cuáles son esos peligros que amenazan fundamentalmente a menores?

Sin pretensión alguna de subestimar a los niños y adolescentes, resulta prudente reconocer que, si bien ellos se desenvuelven con una inteligencia maravillosa con los dispositivos tecnológicos, también suelen caer en las trampas más viles tendidas a la inocencia típica su edad.

Desafortunadamente la lista de los peligros ante los cuales pueden sucumbir los más chicos es larga; sin embargo, los más recurrentes en la actualidad, tienen que ver con el “Grooming” y el “Sexting”.

¿En qué consisten?

El Grooming implica conductas de un adulto que busca ganarse la confianza de un menor, estableciendo una relación afectiva con él/ella, para lograr abusar sexualmente, secuestrarlo/a para prostitución infantil, obtener fotos y vídeos de su cuerpo desnudo y/o utilizarlo en redes de pedofilia. El adulto, en general, se presenta en redes sociales con un perfil falso. A través de esta estrategia, engaña a los niños/as y adolescentes y logra establecer una relación a través de la cual  termina convenciendo a los mismos para que hagan lo que el malviviente desea.

No resulta difícil identificar los perfiles falsos de los pervertidos. En general, no tienen un historial extenso (en años), no suben fotos de ellos solos, no publican estados con su familia y situaciones de la vida cotidiana y tampoco tienen contactos en común con las víctimas. Sin embargo, sin la intervención de un adulto que identifique estos aspectos mencionados, los menores suelen caer fácilmente en las trampas de los perfiles falsos.

El sexting consiste en enviar fotos o vídeos del cuerpo desnudo, o posando en forma sensual a un contacto que a posteriori se convertirá en un extorsionador. Existe todo un trabajo manipulador detrás del que consigue que se le envíen fotos o vídeos con contenido sexual. Cuando este “material” es conseguido, aparece lo que se denomina “sextorsión”. En esta instancia, se manifiestan las amenazas acompañadas por el pedido de fotos o vídeos más comprometedores. La víctima, amenazada con que sus fotos y/o vídeos enviadas con anterioridad serán publicadas en sitios que no desea,  se encuentra en un callejón sin salida.

Ante estos malos usos de las redes sociales es preciso que se trabaje sobre la prevención, es decir, informar a los jóvenes usuarios a ser inteligentes y prudentes en lo que comparten. No significa que no deben usar internet; sí, que deben ser regulados en el uso por tutorías apropiadas de los adultos.

En el último punto mencionado es donde aparece el problema fundamental que permite que los menores caigan en las trampas del sexting y el grooming; a saber: la tutoría de los adultos. Los niños y adolescentes acceden numerosas veces por día a internet, a sitios que los adultos ni se imaginan. Es allí donde debe haber prevención. Los mayores deben saber con quiénes se relacionan sus hijos, cuál es la lista de contactos que tienen, qué conversaciones mantienen con los mismos, qué sitios de internet frecuentan. Sin la intencionalidad de ser invasivos, los adultos pueden consultar periódicamente los dispositivos tecnológicos de los menores a cargo. Después de todo, si todo está bien, no tendrán nada que ocultar o de qué avergonzarse.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

 Versa una frase célebre de Montesquieu "No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia". Esta semana el Ministerio de Educación envió a los directivos de los colegios en toda la Nación, en el marco del plan "Educar igualdad" una propuesta para llevar a cabo una jornada referida a la prevención de la violencia contra las mujeres. Por supuesto que defender la integridad de cualquier persona es un acto de amor hacia el prójimo y a su vez, el repudio contra toda forma de violencia debe ser enseñado a los pequeños desde sus hogares y reforzado en las instituciones; sin embargo, en el material que se propone desde el Ministerio de Educación, existe una increíble y avasalladora bajada de línea respecto de la ideología de género.

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