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Las facilidades que ofrecen las redes sociales en la actualidad, a través de internet,  son fascinantes. Estamos comunicados con todo el mundo. La información viaja a una velocidad increíble. El alcance (no la profundidad) en las relaciones personales, ha crecido exponencialmente. Resulta inusual que alguien no pueda acceder a la información con las facilidades que se plantean en este mundo sin barreras. Pero esta realidad presenta, como una moneda, dos caras. Así, la dimensión cobrada por el viaje de la información resulta beneficiosa y perjudicial al mismo tiempo. Cabe preguntarse, ¿por qué motivo una herramienta tan útil, también puede ser tan letal?. Básicamente, por la intencionalidad en el uso que se tenga de la misma.

A través de las redes sociales se pueden compartir textos, imágenes, audios y vídeos. El alcance de lo que se comparte en internet no es imaginable. Nunca se puede saber con exactitud (aún con el establecimiento de configuraciones de privacidad) quién accederá a lo que se sube a través de Instagram, lo que se graba y/o escribe en whatsapp o lo que se publica en un muro de Facebook o Twitter, por mencionar a los sitios más frecuentados en el mundo. Esta situación, genera un alerta ante la cual los adultos debemos reaccionar, sobre todo, cuando los usuarios perjudicados son menores.

¿Cuáles son esos peligros que amenazan fundamentalmente a menores?

Sin pretensión alguna de subestimar a los niños y adolescentes, resulta prudente reconocer que, si bien ellos se desenvuelven con una inteligencia maravillosa con los dispositivos tecnológicos, también suelen caer en las trampas más viles tendidas a la inocencia típica su edad.

Desafortunadamente la lista de los peligros ante los cuales pueden sucumbir los más chicos es larga; sin embargo, los más recurrentes en la actualidad, tienen que ver con el “Grooming” y el “Sexting”.

¿En qué consisten?

El Grooming implica conductas de un adulto que busca ganarse la confianza de un menor, estableciendo una relación afectiva con él/ella, para lograr abusar sexualmente, secuestrarlo/a para prostitución infantil, obtener fotos y vídeos de su cuerpo desnudo y/o utilizarlo en redes de pedofilia. El adulto, en general, se presenta en redes sociales con un perfil falso. A través de esta estrategia, engaña a los niños/as y adolescentes y logra establecer una relación a través de la cual  termina convenciendo a los mismos para que hagan lo que el malviviente desea.

No resulta difícil identificar los perfiles falsos de los pervertidos. En general, no tienen un historial extenso (en años), no suben fotos de ellos solos, no publican estados con su familia y situaciones de la vida cotidiana y tampoco tienen contactos en común con las víctimas. Sin embargo, sin la intervención de un adulto que identifique estos aspectos mencionados, los menores suelen caer fácilmente en las trampas de los perfiles falsos.

El sexting consiste en enviar fotos o vídeos del cuerpo desnudo, o posando en forma sensual a un contacto que a posteriori se convertirá en un extorsionador. Existe todo un trabajo manipulador detrás del que consigue que se le envíen fotos o vídeos con contenido sexual. Cuando este “material” es conseguido, aparece lo que se denomina “sextorsión”. En esta instancia, se manifiestan las amenazas acompañadas por el pedido de fotos o vídeos más comprometedores. La víctima, amenazada con que sus fotos y/o vídeos enviadas con anterioridad serán publicadas en sitios que no desea,  se encuentra en un callejón sin salida.

Ante estos malos usos de las redes sociales es preciso que se trabaje sobre la prevención, es decir, informar a los jóvenes usuarios a ser inteligentes y prudentes en lo que comparten. No significa que no deben usar internet; sí, que deben ser regulados en el uso por tutorías apropiadas de los adultos.

En el último punto mencionado es donde aparece el problema fundamental que permite que los menores caigan en las trampas del sexting y el grooming; a saber: la tutoría de los adultos. Los niños y adolescentes acceden numerosas veces por día a internet, a sitios que los adultos ni se imaginan. Es allí donde debe haber prevención. Los mayores deben saber con quiénes se relacionan sus hijos, cuál es la lista de contactos que tienen, qué conversaciones mantienen con los mismos, qué sitios de internet frecuentan. Sin la intencionalidad de ser invasivos, los adultos pueden consultar periódicamente los dispositivos tecnológicos de los menores a cargo. Después de todo, si todo está bien, no tendrán nada que ocultar o de qué avergonzarse.

Lorena Leiva

Prof. en Ciencias de la Educación.

 Versa una frase célebre de Montesquieu "No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia". Esta semana el Ministerio de Educación envió a los directivos de los colegios en toda la Nación, en el marco del plan "Educar igualdad" una propuesta para llevar a cabo una jornada referida a la prevención de la violencia contra las mujeres. Por supuesto que defender la integridad de cualquier persona es un acto de amor hacia el prójimo y a su vez, el repudio contra toda forma de violencia debe ser enseñado a los pequeños desde sus hogares y reforzado en las instituciones; sin embargo, en el material que se propone desde el Ministerio de Educación, existe una increíble y avasalladora bajada de línea respecto de la ideología de género.

La frase “el canto de las sirenas”, tiene  su origen en unos seres fabulosos llamados sirenas. Un rasgo que define a este ser mitológico es, sin duda, el gran poder de seducción que se atribuía a su voz. El primero en relatar esa cualidad terrible fue Homero, en cuyo célebre libro de La Odisea, las describe como seres que “hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas”, puesto que aquel que escucha su voz “nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos (…).

El término indefensión aprendida fue descubierto por el psicólogo Martín Seligman mientras estudiaba el comportamiento de los perros. La experimentación de Seligman consistió en colocar dos perros dentro de una jaula y darles descargas eléctricas sin motivo aparente. Uno de ellos, tenía la posibilidad de cortar la corriente con su hocico, pero el otro no. El primer perro se mantenía alerta y cortaba la energía, mientras que el segundo vivió asustado, nervioso y cayó en depresión. La actitud de este último, fue de indefensión absoluta, aún cuando le cambiaron las condiciones y podía cortar la corriente, no lo hizo.

Espejito, espejito, espejito

La percepción personal acerca de lo que un ser humano es, es decir su identidad, no se encuentra ligada únicamente a lo que la define como persona única y especial, sino también a lo que el contexto le refleja en las relaciones sociales.
En otras palabras, se puede afirmar que el concepto de identidad es vulnerable a las apreciaciones del contexto. Por ello, resulta fundamental aprender a escuchar con sabiduría lo que el “espejo social” sentencia respecto de la propia identidad. Esto es importante en tanto que el ser humano no está definido en su identidad por lo que las personas que la rodean “expresan” de él, sino por lo que él verdaderamente “es”.

El término meritocracia se refiere a un sistema basado en el mérito. Allí, las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto de trabajo. La sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo. A través de una lectura rápida, la meritocracia no parece tener ninguna connotación negativa si se piensa que "de acuerdo a las aptitudes y el esfuerzo se conseguirán los logros que les corresponden"; sin embargo, la meritocracia en el ámbito de la educación cobra una dimensión que inmediatamente se vincula con el "darwinismo social", expresión utilizada para describir sociedades agresivamente competitivas, con grandes diferencias de ingresos y riqueza, en contraste con las sociedades igualitarias.

El ser humano nace con capacidades biológicas para enfrentar su desarrollo y adaptación al mundo. Sin embargo, requiere de una relación primordial (la que establece con sus padres) para lograr construir su mundo interno y así, formar estructuras que le permitan gestionar sus emociones, pensamientos y conductas. La relación con los padres, aporta en los hijos, nada más y nada menos, que la posibilidad de preservar sus vidas y facilitar sus crecimientos.

Vivimos en una sociedad en la que impera el miedo. El que trabaja, tiene miedo a ser despedido de su empleo y el que no lo tiene experimenta el miedo de no conseguirlo; los que tienen salud tienen miedo de perderla y los que no la tienen, tienen miedo de empeorar. Los que están seguros tienen miedo de perder esa seguridad y los que la perdieron tienen miedo de la amenaza constante. Lo que queda claro es que el miedo no reconoce los contextos, personas, ni situaciones particulares, simplemente se inmiscuye, se instala y gana lugar generando la “aceptación de vivir con él”.

Circula en redes sociales un escrito que refleja el deseo de atención por parte de un hijo hacia sus padres. Este escrito manifiesta con claridad el proceso mediante el cual los padres han ido desplazando su interés cotidiano que estaba, otrora, acentuado en los niños y en sus necesidades y lo han sustituido, casi sin advertirlo,  por el chequeo constante y alarmante de las aplicaciones comunicacionales de los smartphones.

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