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Espejito, espejito, espejito

Espejito, espejito, espejito
20 Jul
2017

La percepción personal acerca de lo que un ser humano es, es decir su identidad, no se encuentra ligada únicamente a lo que la define como persona única y especial, sino también a lo que el contexto le refleja en las relaciones sociales.
En otras palabras, se puede afirmar que el concepto de identidad es vulnerable a las apreciaciones del contexto. Por ello, resulta fundamental aprender a escuchar con sabiduría lo que el “espejo social” sentencia respecto de la propia identidad. Esto es importante en tanto que el ser humano no está definido en su identidad por lo que las personas que la rodean “expresan” de él, sino por lo que él verdaderamente “es”.


Identificar los puntos de inflexión entre lo que el contexto “dice” y lo que “es” en relación a la identidad de una persona en particular es todo un desafío. Sobre todo en la actualidad ya que hoy en día existe una corriente, originada en gran medida por la teoría del relativismo que deja abierta la puerta a las múltiples interpretaciones para cualquier definición. Es decir, no existen para esta corriente “absolutos”, hasta la realidad se cuestiona como tal.


En medio de esta situación se encuentra el ser humano sediento de definiciones que aquieten su alma y su espíritu y le proporcionen pasos más seguros en la vida, pero obstinado para aceptarlas en definitiva. Una situación compleja a resolver.
Ahora bien, se puede pensar en la definición de uno mismo también por “oposición de antecedentes”. Ya que el ser humano se obstina a creer que ha sido creado a imagen y semejanza de un ser superior y divino que, por coherencia textual, es semejante al ser humano, se puede reflexionar acerca de lo que el ser humano “no es”.


El espejo social:


Devuelve una imagen distorsionada de lo que una persona es. Es lo que los otros dicen “creándole” una imagen a un ser humano. Formula conceptos acerca de alguien que vienen desde “afuera” de él mismo. Produce, a través de los medios de comunicación masiva, una gran influencia en relación a la imagen verdadera. Todos deben ser barbie y Ken. Se basa en comparaciones con los demás sin importar el contexto en el cual se encuentren las personas.

Es acertado considerar el medio social y sus expresiones. Por eso el ser humano mismo vive en sociedad; porque está preparado para “necesitar” de un “otro”. Lo que no es acertado es que ese “otro” defina lo que alguien es. Entonces, se precisa un proceso de reconocimiento interno de lo que cada persona es basada en valores primordiales de toda vida como lo son la dignidad del ser, la libertad y su integridad. Estos valores conforman la identidad del ser humano. No pueden pensarse separados y, a su vez, no deben ser distorsionados por ningún espejo social ingrato y erróneo, que desdibuje lo que cada ser humano es y la dignidad que posee de parte de su Creador.

En el famoso cuento de “Blancanieves”, la madrastra vivía pendiente de la imagen del espejo social. Su felicidad dependía absolutamente de lo que le dijera respecto de su belleza. A tal punto era influenciada que cuando el espejo le dijo algo que no le agradaba, todo su mundo se derrumbó.


Muchas personas viven tan pendientes del espejo social como la madrastra. Acomodan sus vidas a lo que interpretan que el contexto les demanda. El problema radica en que “negocian” su identidad. Lo que “son” queda sometido a la imagen irreal de lo que el resto del mundo les pide que sean. Esto es peligroso porque no se puede ser lo que uno no es y vivir feliz.


Representa un desafío superlativo en el ser humano, ser lo que es. Aceptar el diseño de su Creador, disfrutar ese diseño y caminar en la hoja de ruta para la cual fue creado. Cada persona en este mundo tiene un propósito de vida. Ningún ser humano llegó a este mundo por accidente o por error de cálculo. Por ello, el espejo social se vuelve digno de no ser escuchado, porque muchas veces emite un relato de despropósito, falta de entusiasmo, mundo perdido, competitividad desmedida, egoísmo, maltrato… Es preciso volver a colocar la mirada en el foco correcto, buscar lo que define el ser humano en quién lo diseñó para tener un concepto exacto de lo que cada uno es y vivir conforme a su propósito de vida en particular.


El propósito de vida no es un acertijo difícil de descifrar. Es más simple de lo que se cree. Los propósitos intrincados se ven en las películas de Hollywood, donde para cada paso hay que descubrir complicadísimos códigos y se está al borde de la muerte en cada minuto de ese descubrimiento. Eso es parte de una realidad distorsionada. Sucede en las películas. En la vida real todo depende de “conectarse” a la fuente. Cuando las personas escuchan a su diseñador entienden claramente cuál es la intención de su obra y los fundamentos basados en los cuales diseñó. Se trata entonces, de acudir a la fuente, al Creador para comprender qué define a cada uno y hacia dónde se camina en esta vida.

por: Lorena Leiva (Prof. En Ciencias de la Educación)

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