Luego de la habilitación de la primera etapa del tercer carril de la Autopista Rosario-Santa Fe, la Provincia se prepara para avanzar con una nueva intervención sobre uno de los corredores más importantes para el tránsito del Gran Rosario.

La primera etapa comprendió 16 kilómetros entre Rosario y San Lorenzo y fue inaugurada en febrero de este año, después de varios meses de trabajos que se ejecutaron manteniendo la circulación vehicular. La obra permitió sumar un tercer carril en ambas manos para mejorar la capacidad de la traza y facilitar especialmente el desplazamiento del transporte pesado hacia las terminales portuarias.

Ahora, el proyecto continúa hacia el norte. La segunda etapa contempla 17,5 kilómetros entre el acceso a San Lorenzo y el Desvío Giardino, en Timbúes, completando así más de 34 kilómetros continuos de autopista con tres carriles por sentido.

“Ahora empieza la obra del tercer carril en la segunda etapa”

En diálogo con MEDIOSRED, el secretario de Seguridad Vial de Santa Fe, Carlos Torres, confirmó que el inicio de los trabajos está previsto para septiembre.

“Ya arranca”, remarcó el funcionario, quien explicó que ya comenzaron las mesas de trabajo y reuniones de coordinación con las empresas involucradas, directivos de la autopista, Protección Civil y Vialidad Provincial.

El objetivo es anticiparse a las dificultades que puedan surgir durante una obra que se desarrollará sobre una traza que permanecerá activa y que concentra un importante volumen de vehículos particulares y transporte de cargas.

Operativos especiales para el tránsito pesado

Uno de los principales desafíos estará relacionado con la circulación de camiones. Desde Seguridad Vial ya trabajan en la planificación de nuevos operativos para acompañar el avance de las obras, que se desarrollarán por etapas.

Torres explicó que el área de logística tendrá un papel central para distribuir al personal de la Agencia Provincial de Seguridad Vial en los distintos sectores donde se desarrollen los trabajos.

“No es fácil, es una artesanía”, graficó el funcionario al referirse a la complejidad de coordinar las tareas de obra con el tránsito permanente sobre la autopista.

La planificación deberá contemplar no solamente los cortes, desvíos o modificaciones que puedan surgir por el avance de la construcción, sino también situaciones imprevistas como accidentes, demoras y el permanente flujo de tránsito pesado.

Una obra clave para el cordón industrial

La segunda etapa contempla, además de la construcción del nuevo carril, trabajos sobre la infraestructura existente, entre ellos la reconstrucción de los dos carriles actuales, pavimentación de banquinas, iluminación, adecuación de alcantarillas, mantenimiento de puentes y accesos, defensas y señalización.

El tramo entre San Lorenzo y Timbúes es especialmente sensible por la concentración de actividad industrial y portuaria. Allí confluyen vehículos particulares, transporte metropolitano y una gran cantidad de camiones que ingresan y egresan de las terminales portuarias.