Luego del fallecimiento del periodista Alejandro Perea, ocurrido este viernes 28 de agosto tras permanecer internado en estado crítico, volvieron a aparecer cuestionamientos sobre las primeras horas de atención que recibió en el Hospital Granaderos a Caballo de San Lorenzo.

Nuevamente fue Carlos Delicia, amigo y colega de Perea, quien realizó fuertes declaraciones a Medios RED y cuestionó el accionar del efector. Según sostuvo, el periodista sufrió un infarto intestinal que obligó a extraerle una importante porción de intestino grueso y aseguró que, inicialmente, las noticias sobre su evolución habían sido alentadoras porque los médicos que lo atendieron en Rosario habían podido conservar más de 90 centímetros de intestino y existía la posibilidad de volver a conectarlo.

Delicia afirmó que las primeras horas fueron determinantes y sostuvo que Perea permaneció durante aproximadamente ocho horas en el Hospital Granaderos a Caballo sin que se detectara el verdadero cuadro.

Uno de los principales puntos planteados por el colega fue el diagnóstico inicial de un posible ACV. Según su relato, Perea presentaba una hernia inguinal que, finalmente, habría provocado el compromiso intestinal. “Lo más grave de todo es que hablaban de un ACV, cuando se notaba físicamente que tenía una hernia inguinal. La hernia se llevó puesto el intestino”, afirmó.

También cuestionó que no se haya podido realizar una tomografía durante la permanencia del periodista en el hospital. Delicia sostuvo que Perea se encontraba alterado y que había recibido una importante cantidad de medicación para aliviar el dolor. “No existe la posibilidad de sedarlo para hacerle un estudio, cómo lo pudieron hacer en el Sanatorio de Rosario y no ahí (en el hospital)”, manifestó.

En esa línea, describió el estado en el que se encontraba Perea durante esas horas: “Balbuceaba porque estaba dopado, le habían puesto tantos calmantes para relajarlo que no sabía ni quién era”. También puso en duda quiénes estuvieron a cargo de recibirlo inicialmente: “Tengo mis dudas si había médicos cuando lo recibieron o solo fueron enfermeros”.

“Fue una cadena de errores”

“Estamos averiguando otra información. Supuestamente estaban llevando en la ambulancia a otra persona, hasta el hijo tuvo que decir quién era”, sostuvo, y resumió su interpretación de lo ocurrido con una frase contundente: “Fue una cadena de errores”.

El amigo de Perea también criticó la actitud que, según su versión, tuvo el director del hospital mientras se desarrollaba la situación. “Mientras pasaba todo eso, él se paseaba con facturas por la inauguración de la nueva parte del hospital”, afirmó.

Delicia sostuvo que, ante un cuadro de estas características, esperaba que desde la conducción del efector se promoviera una revisión interna. “Cuando podía decir (el director): ‘esto es un tema grave, voy a pedir auditoría’”, cuestionó.

La versión del hospital

Los cuestionamientos de Delicia se suman a una controversia que ya se había instalado antes del fallecimiento de Perea. El director del Hospital Granaderos a Caballo, Andrés Lanaro, había rechazado que existiera una demora en la atención y explicó que el periodista ingresó con un importante compromiso psicomotriz, por lo que primero se trabajó en su estabilización.

Lanaro había señalado que Perea permaneció aproximadamente seis horas en el shockroom, recibió medicación de sedación y que los movimientos involuntarios dificultaron algunos estudios. También confirmó que se había previsto una tomografía, aunque finalmente no llegó a realizarse en el hospital, y que el traslado a Rosario se concretó alrededor de las 15.

La pareja de Perea, Claudia Chávez, también había cuestionado esa explicación y relatado que, tras el traslado al Sanatorio Plaza, los médicos determinaron que se trataba de un infarto intestinal y dispusieron una cirugía de urgencia. Además, había cuestionado el diagnóstico inicial de ACV y la falta de realización de la tomografía.

Ahora, tras la muerte de Alejandro Perea, las declaraciones de Delicia vuelven a poner bajo la lupa aquellas primeras horas de atención y plantean nuevos interrogantes sobre el diagnóstico, los estudios realizados y los tiempos transcurridos antes de la intervención quirúrgica.