El asesinato de Omar Rendón, un chofer de Uber de 63 años oriundo de Colombia y radicado en Capitán Bermúdez, suma elementos inquietantes a medida que avanza la investigación. El cuerpo fue encontrado el domingo en un camino rural entre Ricardone y Roldán, luego de que una mujer involucrada en el caso se entregara y revelara el lugar donde había sido descartado.
La principal sospechosa, identificada como Agustina E., se presentó en una comisaría y, mientras era trasladada a un calabozo, terminó confesando el sitio exacto donde se encontraba la víctima. Su declaración permitió cerrar la búsqueda iniciada tras la desaparición del hombre el jueves 26 de marzo.
En paralelo, el sábado por la noche había sido detenido en San Lorenzo un allegado a la mujer, luego de que la geolocalización de uno de los celulares robados a Rendón lo ubicara en una vivienda de calle Echeverría al 100. Allí, peritos de la Policía de Investigaciones realizaron pruebas con luminol que detectaron rastros de sangre en distintos sectores: un colchón, paredes y el piso, lo que sugiere que en ese lugar pudo haberse producido el ataque.
Durante el procedimiento también se secuestraron prendas con manchas hemáticas, varios teléfonos celulares, un martillo y un matafuegos que pertenecía al Fiat Siena de la víctima. En tanto, en un Chevrolet Astra estacionado frente a la casa, propiedad del detenido, se hallaron pequeñas manchas de sangre que serán peritadas.
Pese a los avances, aún no fueron encontrados el vehículo de Rendón ni sus dos teléfonos: uno personal y otro que utilizaba para trabajar con la aplicación. Los investigadores sospechan que, tras el crimen, alguien utilizó esos dispositivos para hacerse pasar por la víctima y solicitar dinero a sus clientes, lo que terminó generando las primeras alertas en su entorno.
La causa, a cargo del fiscal Carlos Ortigoza, se orienta hacia un homicidio criminis causa, es decir, un asesinato cometido para ocultar otro delito, en este caso un robo. No obstante, también se investiga el vínculo entre Rendón y la principal acusada, ya que se habrían conocido previamente a través de viajes realizados por Uber.
Rendón había llegado a la Argentina hace 14 años en busca de nuevas oportunidades. Se instaló en Capitán Bermúdez, donde construyó una vida activa: era conocido por su participación en encuentros sociales, actividades deportivas barriales y una iglesia evangélica. Además de trabajar como chofer, se dedicaba a la venta de ropa de cama y realizaba trabajos de plomería.
El día de su desaparición había iniciado su rutina con normalidad, pero con el correr de las horas su familia notó comportamientos extraños en los mensajes que enviaba, muy distintos a su forma habitual de comunicarse. Ese detalle, sumado a los pedidos de dinero enviados a sus clientes, reforzó la sospecha de que algo grave había ocurrido.
Mientras se profundizan las pericias y se intenta reconstruir la secuencia del crimen, el caso genera conmoción en la región y deja al descubierto una trama aún cargada de interrogantes.